George W. Bush amenaza a Bagdad con «todo el poder» bélico de EE.UU.

Mercedes Gallego NUEVA YORK

INTERNACIONAL

Los aviones estadounidenses intensifican los bombardeos en preparación de la guerra El Pentágono ensaya el ataque en las zonas de exclusión aérea de Irak

11 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

George W. Bush, aprovechó ayer la patriótica conmemoración del día de los Veteranos de Guerra para amenazar nuevamente a su rival Sadam Huseín contra el que dijo que, si es necesario, lanzará «todo el poder de las Fuerzas Armadas de EE.?UU., y venceremos». Y añadió: «Es hora de que Sadam se desarme y lo demuestre, o EE.?UU. encabezará una coalición para desarmarle». La consejera de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, afirmó que su Gobierno esperará la respuesta iraquí sobre la resolución de la ONU, «pero seamos muy claros: no tienen el derecho a aceptar o rechazar la resolución». A pesar de esa formal espera, Bush formuló varias advertencias a Sadam Huseín en diversos actos que protagonizó en Washington. «El dictador de Irak tiene que desarmarse totalmente, o Estados Unidos encabezará una coalición que le desarmará», afirmó entre ovaciones durante un discurso en el cementerio de Arlington. E, intensificando su retórica belicosa, aseguró que no permitirá «que un dictador que ha usado armas de destrucción masiva amenace a Estados Unidos con armas químicas, biológicas o nucleares». Aún si vincularlo directamente con Al Qaida, Bush volvió a sugerir que Irak podría tener vínculos con el terrorismo internacional. Mientras el presidente estadounidense hablaba en Washington, en territorio iraquí aún se oía el eco de los últimos proyectiles lanzados por la aviación del Pentágono. Nueva estrategia El Comando Central, el mismo que se encargará de un eventual ataque a gran escala, informó ayer de la última escaramuza que sus cazabombarderos realizaron sobre Irak. Los aviones aliados bombardearon el domingo dos baterías de misiles tierra-aire en las proximidades de Talil, unos 270 kilómetros al sureste de Bagdad. En sí misma, la acción podría ser considerada como un capítulo más del largo asedio que Washington -con la inestimable colaboración británica- mantiene sobre las zonas de exclusión aérea que decretó tras la guerra del Golfo al norte del paralelo 36 y al sur del 33. De hecho, con la del domingo son ya 56 las jornadas en lo que va de años en las que las bombas llueven sobre Irak. Sin embargo, algo ha comenzado a cambiar en esta aparente rutina. Los ataques no sólo han aumentado en número en las últimas semanas. El Pentágono también ha ordenado ampliar el tipo de objetivos que se persiguen. Hasta el punto de que lo que sucede sobre las zonas de exclusión ya es contemplado como un ensayo y una serie de acciones preparatoria para la guerra que se pueda desencadenar. El cambio ha comenzado a gestarse a mediados del pasado septiembre. La nueva estrategia consiste en, además de atacar baterías antiáreas puntuales, destruir tantos centros de control y comando como sea posible. El propósito es desbaratar el sistema de defensa iraquí. Así, el pasado miércoles se empleó por primera vez sobre la zona de exclusión septentrional el avión de ataque F/A 18E Super Hornet. Este aparato permite acciones con munición más pesada, como la que se empleó ese día. Un Super Hornet procedente del portaaviones Abraham Lincoln, en el golfo Pérsico, castigó con dos bombas de casi una tonelada cada una, guiadas por satélite, un búnker de mando y control cercano a Talil. Habitualmente, las patrullas estadounidenses atacan en respuesta al fuego antiáereo iraquí. Pero en esa ocasión, los pilotos del caza, los tenientes Eric Doyle y John Turner, recibieron la orden de bombardear sin que hubieran sido objeto de agresión alguna.