Y el mundo tembló hace 40 años

Rosa Paíno
Rosa Paíno REDACCIÓN

INTERNACIONAL

ADALBERTO ROQUE

Durante trece días del mes de octubre de 1962, la mayor confrontación entre la Unión Soviética y Estados Undios amenazó con provocar una guerra nuclear

16 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Durante trece dramáticos días, el mundo estuvo en octubre de 1962 al filo de una guerra nuclear entre las entonces únicas superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. La causa fue la instalación en Cuba de una batería de misiles rusos apuntado hacia territorio norteamericano. Fue la llamada Crisis de los Misiles, de la que ayer se cumplieron cuarenta años y que ha sido mil veces retratada en el cine y la literatura. Nunca hasta entonces, EE.UU. tuvo tan cerca una amenaza nuclear, el principal enemigo en la Guerra Fría, tiempo en que ni Sadam Huseín con sus supuestas armas de destrucción masiva ni las ordas de Osama Bin Laden hacían peligrar la seguridad de Occidente. Era una amenaza clara y palpable. Muy distinto a lo que se enfrentan ahora los servicios de espionaje. Sin embargo, los actuales cargos de la Casa Blanca han querido ver similitudes. Desde George W. Bush, a la consejera Condoleezza Rice, y el secretario del Pentágono, Donald Rumsfeld, insisten en que la crisis del 62 fue un precedente de la acción militar preventiva cuyo objetivo es Irak. Algo con lo que discrepa el hermano del entonces presidente de EE. UU., Ted Kennedy, uno de los senadores más críticos con la política belicista de Bush. En su opinión, sabiamente, JFK frenó a los partidarios de un ataque y buscó el respaldo de las Naciones Unidas. Aunque la Crisis de los Misiles estalló en otoño, ya en febrero la tensión era palpable. La denuncia por parte de la Administración Kennedy de la llegada de equipos soviéticos a Cuba hacía presagiar que algo se estaba cociendo en la isla. El 16 de octubre de 1962, llegó la constatación. Imágenes tomadas por aviones espía U-2 revelaron inequívocamente la presencia de instalaciones de misiles nucleares soviéticos en el norte de Cuba. Durante trece días, hubo intensas negociaciones entre los presidentes norteamericano y ruso, John F. Kennedy y Nikita Kruschev, y un duro debate en la ONU, en medio de la activación del sistema misilístico nuclear de las dos superpotencias en una escalada de alerta jamás puesta en marcha, tras la determinación de EE.UU. de eliminar la amenaza, y el bloqueo naval para impedir el paso de buques soviéticos con nuevos arsenales. Al final, Kruschev dio marcha atrás y retiró los cohetes a cambio de que Washington desmantelara unos vetustos misiles en Turquía. Pese a la airada protesta de Castro por la decisión de Moscú, Cuba vio fortalecida su posición política en las siguientes décadas. En EE.?UU., el aniversario está pasando casi desapercibido, al contrario que en Cuba, donde varios de los protagonistas de la crisis -entre ellos el entonces secretario del Pentágono, Robert McNamara, y el asesor de Kennedy, Arthur Schlesinger- se han dado cita para discutir, como amigos, lo que ya es historia y sacar lecciones para la conflictiva política actual.