Ocho personas murieron ayer y otras 19 resultaron heridas al estallar una bomba en una terminal de autobuses de la ciudad filipina de Kidapawan, en la conflictiva región de Mindanao. Entre las víctimas mortales figuran una mujer y su hijo de seis años, que perdieron la vida en el acto a causa de la fuerte explosión, mientras que las otras seis fallecieron cuando recibían asistencia sanitaria. El explosivo, que estaba oculto en las taquillas, causó además importantes daños materiales en la terminal, que se encontraba abarrotada de gente cuando se produjo el atentado. Por el momento, ningún grupo se ha responsabilizado del ataque, aunque el Ejército culpó del mismo a la guerrilla Nuevo Ejército del Pueblo (NEP), el brazo armado del proscrito Partido Comunista de Filipinas. Este grupo cuenta con 12.000 combatientes y lucha contra el Gobierno de Manila desde hace 33 años.