Sin plan para sustituir las Gemelas

Jaime Meilán del Río REDACCIÓN

INTERNACIONAL

MARK LENNIHAN

El pasado 29 de mayo, un soplete separó de la columna 1.001 B del World Trade Center de Nueva York la bandera de las barras y estrellas. Era el último pilar que quedaba por remover de lo que un día fue un magnífico complejo arquitectónico. El símbolo final de 37 semanas de trabajo, durante las que se transportaron casi dos millones de toneladas de acero y cemento.

04 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La columna en cuestión, una mole de acero de 58 toneladas y once metros, fue puesta a descansar a lomos de un inmenso camión, y cubierta con una muselina negra, a la espera de las ceremonias que se oficiarían un día después. Las labores de desescombro de la llamada Zona Cero culminaban con tres meses de antelación. Todo parecía dispuesto para que los sueños con los que se aspiraba a reemplazar las Torres Gemelas se hicieran realidad. Es más, una semana antes, la Corporación para el Desarrollo del Bajo Manhattan (CDBM) y la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey -las dos entidades involucradas en la tarea- escogieran a una firma de arquitectos, Belle Blinder Belle, para que se ocupara de diseñar seis proyectos. A estas alturas, esos seis diseños tendrían que haber sido reducidos ya a tres. Y estaba previsto que el próximo diciembre se seleccionara el definitivo. Segundo aniversario El proceso, sin embargo, se ha visto interrumpido. En el más optimista de los casos, habrá que esperar hasta el segundo aniversario del 11-S para tener una idea de qué se levantará sobre el recuerdo de las Gemelas. Al menos, estos son los planes de Anita Contini, a quien la CDBM ha encomendado la supervisión de una de las piezas claves, y más controvertidas, de todo el proyecto: la creación del monumento y las estructuras que se construyan en memoria de las víctimas de los ataques. Los dos grandes obstáculos con los que se ha topado la recostrucción de la Zona Cero se refieren a cuestiones de índole radicalmente opuesto. Uno es, precisamente, la fórmula con la que se honrará a los caídos. El otro, cómo dar cabida a los multimillonarios intereses inmobiliarios que se levantaban con cada una de las 110 plantas de los rascacielos, sin construir otros dos colosos de la misma altura. Respecto a los segundos, la respuesta de la opinión pública, especialmente de los vecinos de Tribeca, el barrio que coronaban los rascacielos, ha sido unánime. En los seis proyectos que se barajaban, sus residencias desaparecían del mapa, o se veían sustituidas por viviendas de lujo u oficinas. «Es demencial. En uno de los planes, en lugar de nuestra calle y nuestro edificio, hay un jardín», se quejaba recientemente Peter Davis, un veterano de Tribeca. Otra, Liz Berger, recordó que muchos de los que hasta el 11-S vivían en el Bajo Manhattan se mudaron a la zona cuando todavía no existían servicios decentes o incluso apartamentos habitables. Todo eran almacenes abandonados, que con el tiempo se convirtieron en objeto de la codicia de los especuladores. Pioneros «La gente que vive aquí son pioneros», ha explicado Berger al diario The New York Times. Esta activista vecinal también llamaba la atención sobre el riesgo de que el solar de las Gemelas se convierta en un inmenso mausoleo. «Vamos a estar residiendo en el monumento conmemorativo, pero tenemos que intentar que ésto siga siendo un lugar para los vivos». Las reivindicaciones de los familiares de las víctimas también han ayudado a enterrar los seis proyectos de Belle Blinder Belle. La mayoría exigen que no se construya nada en las más de seis hectáreas que ocupaban las Torres Gemelas. Otros quieren que la totalidad del solar se dedique al recuerdo de los muertos. Y ninguno que las cosas vayan por donde las autoridades habían encauzado la cuestión.