El turbio pasado empresarial del republicano empaña su cruzada para una nueva ética en las corporaciones de EE UU Reconvertido en nuevo líder mundial gracias a la ayuda involuntaria de Osama Bin Laden, George W. Bush descubrió el placer de la oratoria tras su exitoso discurso en el Congreso, una semana después de los atentados del 11 de septiembre. Sin embargo, el pasado martes quizás habló más de la cuenta. En un país presa de una ola de escándalos financieros, Bush exhortó a los empresarios a ser responsables. Lo malo es que el presidente guarda demasiados esqueletos en su armario y el peso de un pasado empresarial teñido de serias y cuestionables travesuras contables amenaza con empañar sus palabras.
13 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.George W. Bush nunca dio la impresión de ser un tipo extremadamente inteligente. Sin embargo, astucia parece no faltarle a juzgar por la larga serie de chanchullos financieros en los que basó su carrera como empresario. Eso, unido a los privilegios que, sin duda, otorga el ser hijo del que fue presidente de Estados Unidos durante cuatro años y vicepresidente durante ocho, el viejo George Bush, convirtieron a Bush junior en multimillonario. Como empresario, los analistas siempre le han definido como «mediocre», lo cual no ha evitado que se llenara los bolsillos a expensas de empresas que en su mayoría han estado a punto de desaparecer arruinadas, o han sido investigadas por irregularidades por la Comisión Nacional de Valores (SEC). Como buen texano se dedicó al petróleo. Fundó su primera empresa en 1980 con 20.000 dólares (20.200 euros, al cambio actual) y un grupo de inversores amigos de su padre, que pusieron cerca de cuatro millones de dólares en el negocio y lo perdieron casi todo. «Tuvimos muchos problemas. Creo que recuperamos 20 centavos por cada dólar», explicó hace unos años Russell Reynolds, un amigo de la familia Bush, al periódico Dallas Morning News. La empresa se llamaba Arbusto Energy (la palabra bush significa arbusto), y fue comprada por Spectrum 7 Energy en 1984, que nombró presidente de la fusión a Bush junior. Los dueños originales de Spectrum eran también los propietarios del equipo de béisbol Texas Rangers, algo que sería muy importante en el futuro económico del joven Bush. La nueva empresa perdió dinero a espuertas y acabó en manos de otra, Harken Energy, en 1986. Y se repitió la historia: Harken nombró a George W. consultor y miembro del consejo de dirección con un sueldo anual de 120.000 dólares (121.200 euros) y le dio un cuarto de millón de dólares en acciones de la propia empresa. Que Bush fuera hijo de quien era parece que tuvo mucho que ver en ese nombramiento y, a juzgar por los negocios que Harken obtuvo a través de esa conexión directa con la Casa Blanca, la relación fue beneficiosa en ambos sentidos. Harken consiguió 25 millones de dólares ( 25,25 millones de euros) de un banco relacionado con la CIA y obtuvo un contrato multimillonario de explotación petrolera en Bahrein. Por su parte, a Bush tampoco le salió mal el negocio: obtuvo créditos blandos de la empresa, con los que compró parte de los Texas Rangers. Además y ganó casi un millón de dólares vendiendo sus acciones en junio de 1990, meses antes de que éstas cayeran en picado. La Comisión Nacional de Valores investigó si hubo tráfico de información privilegiada, puesto que resultaba muy sospechoso que Bush vendiera sus acciones justo antes de que se anunciaran las pérdidas de Harken y no lo revelara públicamente, como obligan las normas de la SEC. Ambos tipos de conductas (créditos blandos y tráfico de información privilegiada) fueron duramente atacados por Bush en su discurso del pasado martes. Hasta el punto de que los convirtió en uno de los puntos esenciales a combatir para intentar limpiar la deteriorada imagen del mundo corporativo estadounidense. No obstante, la SEC, que también investigó a Harken por esconder su verdadera situación financiera a través de dudosas prácticas contables, declaró a Bush inocente de toda sospecha. Su padre era presidente del país por aquel entonces. Sin embargo, el mayor escándalo en el que se ha visto envuelto es el de los Texas Rangers. En 1989 Bush compró un 1.8% del equipo por apenas 600.000 dólares (606.000 euros), y se hizo con otro 10% como bonificación por «juntar al grupo de inversores» que compró el equipo en aquel momento. Y lo que es más grave, utilizó dinero público, 135 millones de dólares (136, 4 millones de euros), para financiar la compra de un estadio. El valor total de la franquicia deportiva se vendió en 1994 por 250 millones. Bush ganó así catorce millones de dólares con una inversión de sólo 600.000. A esto hay que unir las oscuras manipulaciones inmobiliarias en las que se vio envuelto. El terreno para el estadio le fue literalmente arrancado de las manos a sus dueños por el estado de Texas cuando éstos se negaron a venderlo. Y fue el mismo estado, en el que Bush tenía todas las conexiones políticas, el que se inventó unos impuestos especiales para financiar la operación del pequeño Bush y sus socios. Con este brillante pasado sorprende queel presidente pida ahora comportamientos éticos a los empresarios de su país. Más información en la página 49