La Unión Europea continúa su proceso de ampliación para admitir a trece países candidatos, diez de ellos liberados del bloque soviético y tres mediterráneos (Turquía, Chipre y Malta). La ampliación representa un enorme reto, no sólo para cada uno de ellos de cara a alcanzar las condiciones de democracia política y economía liberal que exige la UE.También para esta organización constituye un enorme esfuerzo el pasar de quince e veintiocho miembros. La disparidad de culturas en el continente europeo no facilita la unidad de los pueblos, aunque los políticos lo estimulen. Son muchos años de historia separada que hay que superar con el esfuerzo de todos, ciudadanos y dirigentes. La paradoja de esta dicotomía la acabamos de vivir en la cumbre de Sevilla. Mientras unos se reunían para tratar de la ampliación, entre otros asuntos, los ciudadanos vivían los efectos de una huelga general. Sucedió en España, pero esto mismo podía haber ocurrido en cualquier otra nación de Europa. El reto de la ampliación es grande, pero los objetivos a alcanzar merecen la pena. En el nuevo siglo se puede formar una Europa con cinco millones de kilómetros cuadrados y una población de 550 millones de habitantes. Europa tendría así una extensión y población suficientes como para figurar en paridad con las grandes potencias mundiales. Por eso es necesario que los europeos seamos conscientes del gran proyecto y enormes posibilidades que ofrece la ampliación. La incorporación de los nuevos países no será fácil y no se va a conseguir sin el esfuerzo de todos. A nivel individual, no cabe duda que también se ofrecen grandes oportunidades, nuevas expansiones empresariales y financieras. Los países más próximos al ingreso podrían incorporarse en el 2004. Los siguientes, en el 2010. Y en lista de espera está Turquía, sin olvidar a los países de la ex-Yugoslavia, Albania y, después, los recalcitrantes, como Suiza o Noruega, cada uno con sus problemas. Así, la Europa total y unida va para largo.