El 30 aniversario del escándalo Watergate no revela el nombre de la fuente que derribó a Richard Nixon
18 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Hay deportes nacionales que, aún sin ser homologados por federación alguna, cuentan con infinidad de practicantes y forofos. En Estados Unidos no todo es béisbol. Cada año, desde hace tres décadas, en torno a la fecha del 17 de junio, se abre una breve temporada de una práctica en la que se combinan las artes adivinatorias, la caza intelectual y las técnicas detectivescas para intentar desentrañar uno de los secretos mejor guardados del orbe: ¿Quién fue el fumador empedernido, bebedor de güisqui escocés y confidente de la prensa capitalina que se ganó en los años 70 el sobrenombre de Garganta Profunda? Ayer no fue un 17 de junio diferente. Si cabe, este deporte-concurso oficioso y sin trofeo conoció un redoblado esfuerzo de sus asiduos practicantes. Para algo se celebraba el 30 aniversario del inicio del escándalo Watergate. Del que sería el principio del fin del único presidente estadounidense que dimitió: el republicano Richard Nixon. Los dos periodistas del The Washington Post que, Garganta Profunda de por medio, reventaron la tapadera de oscuros secretos de la Casa Blanca, Bob Woodward y Carl Bernstein, tuvieron que volver ayer a resistir la tentación. Una vez más prometieron no revelar quién fue su principal fuente durante el escándalo, hasta recibir autorización expresa del individuo en cuestión o hasta que fallezca. Y nada de ello ha ocurrido todavía. El confidente con nombre de película porno también sigue resistiéndose. En su caso, el mérito es doble. Aún está vigente la oferta de un editor que le ha prometido cuatro millones de dólares (4,28 millones de euros) por sus eventuales memorias. Así las cosas, los aficionados se pusieron manos a la obra. Tal ha sido el caso de un puñado de alumnos de periodismo de Illinois. Bajo la batuta del catedrático William Gaines, analizaron datos, contrastaron información y concluyeron que Garganta Profunda sólo puede ser uno de siete personajes que estaban próximos a Nixon en 1972. Es más, si hay que apostar por un nombre, el elegido es Pat Buchanan, un individuo que se dedicaba a escribir los discursos del republicano, y que después se haría conocido por sus repetidos fracasos ante las urnas en sucesivas primarias conservadoras. Tampoco se quedó atrás Joan Dean, un antiguo asesor presidencial que aprovechó este aniversario para lanzar a la calle su libro Desenmascarando a Garganta Profunda . Dean no llegó tan lejos, pero redujo el número de sospechosos «a un puñado». El misterio, en fin, continúa. Ya sea para fomentar estos juegos, ya para la reflexión histórica.