La izquierda francesa pasa a la oposición y debe iniciar la reflexión sobre su identidad, tras su derrota en las Legislativas y el castigo sufrido por varios de sus líderes. La izquierda conserva tan sólo 178 de sus 314 escaños de la Asamblea Nacional saliente. El Partido Socialista, que casi divide por dos sus tropas parlamentarias de 248 a 140 escaños, se erige en la primera fuerza de la oposición. Pero adquiere un relieve particular la derrota personal de la ex-ministra de Empleo y alcaldesa de Lille, Martine Aubry, que portó una de las principales banderas del Gobierno de Jospin: las 35 horas de trabajo semanal. Los comunistas, con 21 diputados (35 en la anterior Asamblea), conservan por los pelos su grupo parlamentario, pero pierden a su líder Robert Hue. Los Verdes entierran sus sueños de grandeza y pasan de siete a tres escaños, dejando por el camino a su número uno , Dominique Voynet.