El presidente Bush prometió en su discurso ante el Bundestag que consultará con los europeos cualquier paso en la lucha antiterrorista, pero reiteró que la amenaza terrorista es real y que él piensa actuar. Un poco de arena y algo de cal en la escala berlinesa. Tal escala es un clásico de la agenda internacional de cualquier presidente norteamericano: la ciudad fue un islote incrustado en el mundo comunista, y su libertad dependió de la determinación occidental y del gran puente aéreo norteamericano. Todavía a Bill Clinton le fue muy bien allí. Pero los tiempos cambian para todos y el Berlín de mayo de 2002 ya no es lo que era. No es el Bonn de la Alemania de soberanía limitada. Manifestaciones de extracción varia recibieron a George Bush, que tuvo que renunciar al habitual baño de multitudes. En las manifestaciones hubo Verdes (un socio en el Gobierno Federal) y ex-comunistas del PDS. Pero más notable es el cambio en el Gobierno: la Alemania reunificada mantiene su estricta alianza con Washington pero Berlín no es Bonn. Por ejemplo, sobre Irak. En un clima de cordialidad formal el canciller Schröder adelantó que Washington no podrá contar con Alemania para atacar salvo que se disponga de un mandato expreso de la ONU. Bush contestó: la verdad es que no tengo planes militares sobre la mesa.