GONZALO PARENTE VENTANA AL MUNDO
18 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.De pronto, como si los políticos tuviesen prisa en cerrar los acuerdos pendientes, han saltado a la escena internacional cinco encuentros, a cual más importante: en La Habana, Londres, Madrid, Bruselas y Moscú. En todos se intentan resolver cuestiones importantes para la convivencia entre los pueblos. Así, en la Habana, Carter y Castro han tratado de establecer puentes de entendimiento entre Cuba y EE UU; en Londres, Aznar y Blair, hablarán sobre la forma de resolver el contencioso de Gibraltar; en la cumbre de Madrid, los países sudamericanos y europeos se han reunido para buscar soluciones a los problemas económicos de aquel continente; en Bruselas, la OTAN y Rusia han formado un eje estratégico para coordinar la lucha antiterrorista; finalmente, Bush viajará a Moscú la semana próxima para firmar un acuerdo de reducción de armas nucleares. Sin restar un ápice a la importancia de los otros acuerdos, creo que éste llama más la atención por extemporáneo y porque puede resultar falto de lógica a estas alturas del siglo XXI y después del 11-S. ¿A qué viene ahora un acuerdo de desarme? ¿Es que le importa a Bin Laden este tratado que algunos justifican «para cerrar la guerra fría»?. La guerra fría fue clausurada en noviembre de 1990 en París, donde los líderes del Este y el Oeste proclamaron a los cuatro vientos su fin. Más bien creo que, con el pacto de Rusia y la OTAN, los norteamericanos se aseguran la amistad rusa para poner su atención en otros puntos estratégicos que les preocupan, como los asiáticos. En realidad, la operación de desarme, aunque se reservan unos y otros arsenales estratégicos suficientes, no es más que una maniobra para soltar lastre.