El temor a una elevada abstención, presente durante toda la campaña

La Voz

INTERNACIONAL

La abstención es uno de los males endémicos de la política portuguesa. En las últimas eleciones legislativas, el 38% de los votantes prefirieron quedarse en sus casas. Más grave fue lo ocurrido en las elecciones presidenciales del 2000; en aquella ocasión, la abstención ascendió a un 49% del censo. Esta vez, los sondeos vaticinan cifras en torno al 30%, pero podría ser mayor; por eso los partidos han gastado gran parte de sus energías en llamamientos a la participación. En esta ocasión, el problema se ha agudizado. Cuatro eleccciones en dos años. Los portugueses están cansados de votar. Es la cuarta vez que acuden a las urnas en los últimos dos años, tras las legislativas de 1999, las presidenciales del 2000 y las municipales de diciembre. Los ciudadanos tienen la sensación de haber respondido varias veces a la misma pregunta. Escaso atractivo de candidatos y programas. Tanto Eduardo Ferro Rodrigues como José Manuel Durão Barroso han insistido en que se avecinan tiempos duros para Portugal y que habrá que apretarse el cinturón. Un discurso sincero, pero poco popular. La desmovilización de la juventud. Hay casi un millón de electores menores de 26 años, alérgicos a la política y a los grandes partidos. Muchos se decantan por el Bloco de Esquerdas, una formación minoritaria con vocación declarada de incomodar al poder establecido. Finalmente, no hay que olvidar un elemento tan imprevisible como determinante: la lluvia.