Desde que comenzó la intifada, la zona de Ben Yehuda es patrullada por más de cien soldados Ben Yehuda es la calle más rica y populosa de Jerusalén. Larga y elegante como un guante de baile, y castigada como ninguna en el mundo por el terrorismo árabe. Hoy, esa zona comercial para pudientes tiene un chaleco antibalas de más de cien soldados, que la patrullan día y noche. Los grupos radicales Hamas o Yihad Islámica la tienen entre ceja y ceja. Para ellos, Ben Yehuda es un caramelo. Allí, con metralleta o con el cuerpo lleno de dinamita, mataron en el último año a medio centenar de judíos.
24 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Nada les pone más a los suicidas que la calle Ben Yehuda. Allí hacen sonar el ratatatá de sus metralletas semana sí, senmana no. Vestido como un judío ortodoxo, un terrorista palestino consiguió hace un mes internarse en la zona y se dinamitó. Milagrosamente, el atentado suicida no provocó más muertes que la del atacante, aunque dejó 15 heridos. El hecho ocurrió frente a un colegio francés repleto de niños cuando un joven palestino con una larga barba, túnica negra y la tradicional kippá que usan los judíos intentaba simular ser un religioso que paseaba por la zona. Sin embargo, la extraña mochila que cargaba llamó la atención del Ejército. Cuando dos agentes se acercaron, el suicida los miró sonriente y, tirando de una cuerda, hizo estallar la bomba que llevaba en la espalda. Su cabeza cayó en el patio del colegio. Bomba en Pizzería El atentado se produjo en Ben Yehuda, donde el 9 de agosto del pasado año un suicida palestino hizo estallar una bomba en el interior de la pizzería Sbarro, dejando 18 muertos -desde que se inició la intifada la cifra se eleva a 50-. Hoy, una vela de Cadena 100 prendida a la pared del local recuerda a las víctimas. Ahora, el restaurante, reconstruido y con un cuatro por cuatro de hombre en la puerta que registra a todos los clientes, defiende su eslogan: La mejor comida italiana del mundo. En la calle, decenas de soldados israelíes pasean sin descanso. Parece un cuartel. Identifican, ordenan vaciar bolsos y mochilas y prohíben aparcar en sus cercanías. Más al sur de la ciudad, en Jerusalén Este, vive Eli Amir, el escritor judío de más éxito del momento. Frente a su ventana, en una ladera, alguien sueña todas las noches con matarlo. A la angustia del literato, siempre con el temor de pasar del reino de las letras al del más allá, el Ayuntamiento de Jerusalén le ha puesto cemento. Levantó frente a su domicilio un muro de seis metros de altura.