MARCELA VALENTE TESTIGO DIRECTO Los «cacerolazos» se mantienen a pesar del final del «corralito»
03 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.OMERCIANTES, trabajadores, desempleados, pequeños empresarios arruinados, profesionales, ahorradores, ancianos, familias con niños, jóvenes, estudiantes, feministas y los más tradicionales militantes de izquierda, nutrieron una vez más las columnas de vecinos que llegaron desde los barrios hasta la Plaza de Mayo, el paseo público ubicado frente a la Casa Rosada, donde se congregaron más de 8.000 personas golpeando cacerolas. Las consignas y quejas eran de lo más variadas, pero todos coincidían en reclamar la renuncia de los magistrados de la Corte, y también la de los dirigentes políticos. «Que se vayan todos, que no quede ni uno sólo», rezaba uno de los cánticos más repetidos. Las protestas comenzaron por la noche en los barrios de la capital, donde los vecinos, que ya están organizados en asambleas y comisiones, se congregaron a golpes de cacerola para cortar avenidas y protestar. El discurso de Duhalde denunciando las presiones de la Corte convocó a una mayor cantidad de manifestantes y muchos decidieron espontáneamente llegar hasta la Plaza de Mayo, para retirarse de madrugada sin que se registraran incidentes como había ocurrido en anteriores oportunidades. «¿Por qué la Corte no se pronunció antes?», se preguntaba una mujer que protestó en el barrio de Caballito. «La sociedad no les cree, se tienen que ir», se respondió a sí misma aludiendo a los miembros de la Corte Suprema. El mismo tipo de protesta con numerosos manifestantes se repitió en la capital de la provincia de Córdoba. «Puse dólares, quiero dólares», decía una pancarta casera, confeccionada de apuro entre los caceroleros. «Son unos sinvergüenzas», gritaba indignado un jubilado en la Plaza de Mayo refiriéndose a los jueces del alto tribunal. «Vieron que se les viene la noche y dieron un manotazo de ahogado, pero nosotros no reclamamos sólo en contra del corralito, queremos que se vaya esta Corte corrupta y todos los políticos que fueron cómplices del poder financiero!», clamó el hombre. Oportunismo político «Esto es puro oportunismo político, es la misma pelea de siempre entre Menem y Duhalde, se burlan de nosotros», comentaba una mujer joven con su hijo en brazos. Algunos criticaron duramente al presidente porque dijeron sentirse amenazados por su alocución, advirtiendo sobre la posible insolvencia de los bancos si todos los ahorradores hacen caso a la sentencia que declaró inconstitucional el corralito. «A mi me preocupa que me devuelvan el dinero, pero no el del corralito, que no lo tengo, sino el que nos vienen robando desde hace 20 años», criticó otra mujer que había llevado una mesa a la avenida Rivadavia de Buenos Aires, y desde allí convocaba a firmar una petición de renuncia de los nueve miembros del máximo tribunal de justicia. La mujer aclaró que la dimisión sólo contribuiría a acelerar la renovación, pero no debe dejar a los ministros en la impunidad. «Hay que seguir además con el juicio político», subrayó con energía.