ARANTZA ARÓSTEGUI DESDE LA MURALLA
22 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La tregua -más simbólica que real- decretada por Arafat el pasado 16 de diciembre hizo finalmente agua ayer. El integrista Hamas anunció que la rompe y que está en «guerra total» contra Israel, en represalia por la muerte de cuatro activistas a manos de los soldados de Sharon. Hizo además un llamamiento a todos los palestinos para que reanuden los ataques contra el «enemigo sionista» en todos los frentes y por todos los medios. El llamamiento no cayó en saco roto y, a las horas, un palestino abrió fuego de forma indiscriminada en el sector judío de Jerusalén. Fueron medio centenar de heridos, pero podían haber sido muchos más si no llega a ser abatido cuando se disponía a cambiar el cargador de su arma. Este terrorista era de Fatah, el grupo de Arafat, lo que significa que el presidente palestino no puede poner orden ni en su propia organización. Ya no digamos entre los integristas, dispuestos a derramar su sangre en acciones suicidas. Sharon juega con fuego y sólo parece entender la política del «cuanto peor, mejor». Tiene prácticamente preso a Arafat; cerca, entra, ataca y sale de los territorios autónomos cuando le place, lo que provoca la reacción desesperada de palestinos dispuestos a morir matando. Una espiral de locura que parece no tener fin.