Estados Unidos ha conseguido los objetivos que se había propuesto en un conflicto que le ha costado hasta ahora 3.000 millones de dólares Al cumplirse tres meses de una campaña militar que se temía dura y prolongada, Estados Unidos ha alcanzado rápidamente casi todos sus objetivos en Afganistán, excepto la captura de Osama Bin Laden y del mulá Mohamed Omar. El país centroasiático, convertido en «tumba de invasores» desde la época de Alejandro Magno, ha visto el despliegue más eficaz de alta tecnología bélica bajo el cual se desmoronó el régimen talibán que lo gobernó durante cinco años.
07 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Algunos expertos calculan que la guerra le cuesta a Estados Unidos unos 1.000 millones de dólares mensuales -cifra ínfima en un país con un PIB de 9,3 billones de dólares anuales-. Ha desplazado al otro lado del planeta a unos 30.000 soldados y, según la versión oficial, ha sufrido menos de una decena de bajas. Desde septiembre, el Congreso ha entregado unos 60.000 millones de dólares para las actividades antiterroristas que han incluido el aumento de vigilancia en aeropuertos y otros lugares públicos, la detención de unas 1.200 personas, y el equipamiento de las fuerzas de seguridad. Campaña bélica En represalia por los ataques terroristas del 11 de septiembre, que dejaron miles de muertos y heridos, EE UU lanzó la primera gran campaña bélica del siglo XXI, dirigida por control remoto desde el Comando Central en Tampa (Florida). La estrategia del jefe del comando, general Tommy Thompson, combinó lo más avanzado del espionaje desde satélites y aviones, con bombas inteligentes y misiles teledirigidos que ahorraron la pérdida de vidas estadounidenses. El Pentágono soliviantó a las milicias tribales contra el régimen talibán y la temida organización Al Qaida. En el terreno, los que pelearon y murieron fueron los afganos y las tropas multinacionales de Al Qaida. Alianza internacional La administración del presidente Bush logró que, prácticamente, todos los gobiernos del mundo declararan, al menos de palabra, su repudio al terrorismo internacional. Además, Estados Unidos ha logrado una presencia militar sin precedentes en Asia central, tolerada por los países de la región, y que incluye tropas en las ex-repúblicas soviéticas de Uzbekistán y Kirguizistán (en este país, el Pentágono construye una base aérea permanente). Esto sitúa a EE UU en una posición sin precedentes como interventor clave en el tendido futuro de oleoductos que sacarán la riqueza petrolera del centro de Asia hacia los mercados mundiales. En la investigación doméstica, sin embargo, los frutos han sido magros: sólo un hombre -el franco marroquí Zacarías Moussaoui- está acusado de alguna vinculación con los grupos terroristas que perpetraron los ataques del 11-S. El presidente Bush ha dicho que quiere «vivo o muerto» a Bin Laden, pero el saudí y el caudillo talibán mulá Mohamed Omar, si es que siguen vivos, han eludido hasta ahora a las tropaas norteamericanas.