El hambre alcanza a los gallegos

La Voz

INTERNACIONAL

Pequeños comerciantes que no se prepararon para el futuro se ven sumidos en la indigencia tras cerrar sus negocios

06 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuentan que en 1946 el genial Luis Seoane, exiliado en la Buenos Aires que lo había visto nacer, encontró a una mujer moribunda tirada en la Avenida de Mayo. Intentó ayudarle pero ya era demasiado tarde. La mujer murió y Seoane descubrió con horror en su documentación que era de Ourense. Seoane, el poeta Arturo Cuadrado, Vázquez Guisande y otros gallegos decidieron fundar el Hogar Gallego de Ancianos, hoy situado en Doncelar, en el extrarradio de Buenos Aires, para que no se repitiesen casos similares. Siempre hubo gallegos pobres en Buenos Aires, pero ahora hay más. No son la mayoría, pero sí existe un grupo muy numeroso de ancianos situados en el límite de la supervivencia, porque sus ahorros han desaparecido, no tienen seguro social y el gasto en las medicinas cubren la mayor parte de su pensión. Hay antiguos pequeños comerciantes, como Antonio y Aurora, que ni siquiera tienen pensión. Tal vez podrían haber accedido a una ayuda no contributiva del Gobierno español, pero lo cierto es que no la tienen. Antonio, con sus más de 70 años de edad, quizá lo tuviera más difícil. La ruina de los mecenas La ruina también alcanza a los antaño más poderosos. Para muchos gallegos la ruina de Rosa Puente es el mejor ejemplo del ocaso de la colectividad. Manuel Puente fue un emigrante gallego que se empleó en el negocio de un judío, aprendió, montó su tienda y llegó a tener sucursales de sus joyerías en Europa. Fue él quien mantuvo a Castelao cuando llegó, también casi en la indigencia, a Buenos Aires donde murió 52 años atrás. Hace unos meses, en el Centro Gallego le buscaban una solución a Rosa Puente. «Sí, hay españoles que pasan hambre y, lógicamente, la mayoría son gallegos», confirma el cónsul de España en Buenos Aires, Juan Carlos Gafo. El periodista Luis Menéndez asegura que en sus trabajos para programas de la TVG, como Galeguidade, encontró a gallegos en las villas miseria, los poblados de chabolas del cinturón bonaerense.