El presidente Vladimir Putin decretó ayer una serie de medidas para aliviar la situación de las Fuerzas Armadas rusas, aquejadas por la falta de medios y el desánimo, y asfixiadas por más de dos años de guerra en Chechenia. Putin esperó a agotar este año para acometer tímidamente una de las espinas de su presidencia, la reforma del Ejército, donde la miseria, rivalidades y anquilosamiento de sus estructuras esconden algunos de los principales enemigos del jefe de Estado. El decreto, firmado por el presidente tras una inesperada reunión con el ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, fija una inyección de fondos para los militares que sirven en el Ejército por contrato, un paso más hacia las Fuerzas Armadas profesionales que desea Putin. Desde el próximo 1 de enero, la orden presidencial sube un 70 por ciento las primas que reciben estos soldados por peligrosidad, especialización y dificultad. Elogios de Yeltsin Por otra parte, el ex-presidente ruso, Boris Yeltsin, elogió ayer por televisión a su sucesor, Vladimir Putin, y su política de acercamiento a Occidente. Putin es «una persona honesta, pura, de orientación democrática, con la moral en el corazón», afirmó Yeltsin, tras declararse una vez más satisfecho de la elección de su delfín en 1999.