ANXO LUGILDE CRÓNICA Varias gallegas acuden los jueves a la marcha de las Madres de Mayo
27 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.OS nombres de los 29 muertos durante el estallido social de la semana pasada sonaron ayer en la Plaza de Mayo. Allí, frente a la Casa Rosada, la sede de la presidencia de Argentina, brotaron de labios expertos en terror y represión. Las madres de Mayo dedicaron su habitual concentración semanal a las víctimas de la protesta. Estas mujeres de avanzada edad actúan como el constante recordatorio de la gran herida abierta en la conciencia argentina: la dictadura militar, que finalizó en 1984. Como tantas cosas en Argentina, las madres están divididas en dos grupos, el de Hebe de Bonafini, célebre por su apoyo a ETA y Osama Bin Laden, y el otro colectivo, denominado Línea Fundadora, que sí condena el terrorismo. Su portavoz es Nora Cortiñas, que no es gallega de nacimiento, pues sus raíces están en Cataluña. Su vinculación con Galicia procede del amor, hacia su marido, cuyo apellido lleva, y su hijo. A éste se lo robaron los militares el 15 de abril de 1977 en la estación de Castelar, en la provincia de Buenos Aires. Carlos Gustavo Cortiñas, nieto de emigrantes de Ourense y Pontevedra, desapareció a los 24 años cuando estudiaba Económicas y trabajaba para mantener a su mujer y a su hijo. A diferencia de otras víctimas de la represión militar, no hay ningún testigo que viera a Carlos en los campos de concentración o salas de torturas. «Sabemos que lo tenían porque al día siguiente de su desaparición registraron nuestra casa. Mientras buscaban, aprovecharon para robar», dice Nora. Las protestas de la semana pasada conmocionaron a las Madres de Mayo, entre las que hay varias gallegas. Algunas activistas fueron heridas por la policía. Pero sobre todo les quedó un profundo malestar por cómo se resolvió la crisis institucional. «Saá es un demagogo» «Rodríguez Saá -dice Nora- es un demagogo populista que quiere ser Perón, pero Perón está muerto y los tiempos son muy diferentes. Este país necesita seriedad para reabrir las fábricas y ponerlas a funcionar». Nora Cortiñas, internauta a sus 72 años, se apunta a cualquier lucha que considere justa. Ayer recogía firmas para condenar a los dueños de una piscina en la que murió una niña. Y, mientras tanto, sigue con su mitin: «La deuda externa no es de Argentina, porque no la contrajo el pueblo». La dictadura argentina duró ocho años, cinco veces menos que la española, pero su recuerdo está mucho más presente: «Ustedes enterraron a su millón de muertos y se olvidaron -dice Nora Cortiñas-. Incluso tienen a Fraga en la Xunta. Nosotras rechazamos la reconciliación y cualquier tipo de componenda. Cuando muramos, nuestros hijos y nietos continuarán la lucha».