El «mulá» Omar ordenó a sus seguidores que se refugiaran en las montañas, dejando la ciudad en manos de dos líderes tribales La descomposición del régimen talibán ha alcanzado también a Kandahar, su gran bastión. El máximo líder del régimen integrista, el «mulá» Omar, ordenó ayer a sus seguidores que desalojasen en 24 horas la ciudad, donde resistían el asedio de la Alianza del Norte y de las tribus pashtunes y se dirigieran a las montañas para resistir.
16 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Omar ha encomendado el gobierno de la ciudad a dos muyahidines de etnia pashtún con la intención de «evitar daños entre la población civil» ante los insistentes bombardeos estadounidenses. La decisión fue acogida con sorpresa, después de las últimas consignas de Omar llamando a la resistencia. Omar dio a conocer su mensaje a primeras horas de la noche en Afganistán, últimas de la tarde en España, pese a que la mayoría de los generales talibanes habían decidido luchar hasta la muerte, tal como les había pedido el miércoles y el jueves su líder espiritual. La agencia Afghan Islamic Press, afín a los talibanes, informó de que la decisión de ceder el control de la ciudad a dos líderes tribales fue el resultado de «profundas discusiones» entre los jefes militares y los colaboradores de Omar. Pashtunes, no talibanes Los elegidos fueron el mulá Naqibulá y Haj Basher, dos ex-jefes militares de las fuerzas afganas que lucharon contra la invasión soviética en la década de los ochenta. A pesar de pertenecer a la misma etnia pashtún de los talibanes, estos dos antiguos comandantes eran ajenos al movimiento talibán que se hizo con el control del país hace cinco años. Kandahar, una ciudad situada a medio camino entre Kabul y Herat, se convirtió en 1994 en el cuartel general de los talibanes y lugar de residencia habitual de su líder, el mulá Omar. Una vez decidido el abandono de esta plaza, la ciudad de Kunduz, en el norte del país, se ha convertido en el último refugio para los talibanes. La decisión de evacuar Kandahar, al margen de decisiones estratégicas, fue tomada tras la muerte de once civiles en el bombardeo que sufrió la sede del ministerio de Exteriores talibán. La Alianza del Norte trató durante toda la jornada de contactar con los dirigentes del régimen para llegar a un acuerdo sobre la entrega de ciudad y evitar así un baño de sangre, pero resultó imposible. El anuncio de la evacuación de Kandahar puso en alerta a las autoridades de Pakistán, ante la posibilidad de que los líderes talibanes traten de refugiarse en ese país. El Gobierno presidido por el general Musharraf decidió reforzar con seis tanques y un millar de soldados procedentes de Quetta el paso fronterizo de Chamán, en el suroeste del país.