La llegada de la Alianza fue saludada por una población jubilosa, que rescató las radios y los pantalones vaqueros Kabul era ayer una ciudad distinta. Los «fantasmas» que recorrían sus calles cubiertos de pies a cabeza han dado paso a mujeres cuya belleza era observada con cierta curiosidad por los varones. Éstos lucían la cara -algunos con cortes-, ya que se habían afeitado la barba que habían dejado crecer durante cinco años al gusto del régimen talibán. La música sonaba en las radios y algunos sacaron del baúl sus viejos y raídos pantalones vaqueros. Pese a la tensión que se respira en las calles de Kabul, donde los ajusticiamientos a manos de la Alianza son comentados en voz baja, la alegría parecía instalarse en sus ciudadanos.
13 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Con los primeros rayos del sol, la población se echó a las calles de Kabul para disfrutar de la libertad que los talibanes les han privado durante cinco años. Disparos de fusiles Kalashnikov se mezclaban con el sonido de la música, de melodías prohibidas por los estudiantes del Corán. El claxon de los vehículos, los timbres de las bicicletas daban la bienvenida de los señores de la guerra que patrullaban armados la ciudad. «Somos libres» gritó exultante Noor Mohamad, mientras bailaba al son de la música de su viejo transistor. Pese a que las tiendas estaban cerradas, las barberías abrieron sus puertas para atender a cientos de hombres que deseaban un buen afeitado. Cautela femenina Los turbantes negros también han dejado de estar de moda entre los varones. Algunos lo cambiaron por el pañuelo que antes llevaba el pueblo afgano; los más jóvenes, incluso optaron por gorras deportivas al estilo occidental. Con más cautela, las mujeres comenzaron a quitarse la burka, la túnica que han llevado durante los cinco años de integrismo talibán. Algunas optaron por retirar el velo hacia la cabeza y así mostrar su rostro. Algunas, incluso llegaron a ser increpadas por los soldados de la Alianza para que se quitaran este símbolo de la represión. La música fue, como en tantas ocasiones de la historia, el símbolo de la liberación. Una canción del Corán y una melodía de la cantante Farhad Darya, que vive exiliada en Europa, marcaron la llegada de la Alianza y el final de la época talibán en Kabul. Nadie recordaba, o parecía no recordar, que en los años 90, la Alianza bombardeó la ciudad, de mayoría pashtún, y mató a 50.000 personas. Los barrios residenciales de Kabul donde vivían los líderes talibanes estaban desiertos. Las puertas de sus casas, abiertas de par en par. En su interior no habían dejado objetos de valor, lo mismo que en bancos, tiendas o negocios de cambio de moneda que fueron saqueados durante la noche por el régimen antes de darse a la fuga.