Definitivamente, el horno no está para bollos en el Bajo Manhattan. Las interminables semanas de frustrante trabajo en las ruinas de lo que fueron las Torres Gemelas han acabado por pasar factura a sus protagonistas.
03 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Lejos queda la famosa jornada en la que George Bush acudió a la Zona Cero para regalar apoyo moral. Entonces, policías, bomberos y operarios se unieron en un sobrecogedor «¡USA, USA!». El viernes, el espontáneo abrazo emocional de los héroes neoyorquinos se transformó en violencia. Y los escombros, en un ring improvisado. Volaron puñetazos, hubo insultos, brotaron empujones. Los vivos resolvieron a golpes sus cuitas junto al panteón de los muertos. Todo comenzó dos días antes. El alcalde de la Gran Manzana decidió el miércoles que en la Zona Cero no hay ya sitio para tanto uniformado. Hay que avanzar en la limpieza del inmenso solar, reflexionó. Son necesarias más máquinas y menos hombres. Además, explicó, el trabajo mecanizado hace el lugar menos seguro. Y él no quiere que se produzcan más desgracias. Así que Giuliani ordenó reducir a sólo 25 el número de bomberos que participarán, de ahora en adelante, en las labores. Para los que combaten habitualmente los incendios, la orden fue el peor insulto que podrían haber recibido. Desde el fatídico 11-S, el Departamento de Bomberos había estado a cargo de las operaciones de rescate. «Mi hijo está ahí abajo» Cuando estuvo claro que ya no había nadie a quien rescatar, se dedicaron a buscar cadáveres. Entre ellos, los de 343 compañeros desaparecidos cuando los rascacielos se vinieron abajo. Unos 250 siguen aún allí enterrados. El jueves se convocó rápidamente una manifestación. El viernes, unos mil irritados bomberos se dieron cita a sólo tres manzanas de la fosa colectiva. Para avanzar juntos al grito de «¡Que nos devuelvan a nuestros hermanos!», en referencia a esas víctimas. «Esto es una guerra y queremos recuperar a nuestros hermanos caídos en el campo de batalla», dijo uno de los protagonistas. Otro, Bill Butler, un capitán retirado, gritó a la concurrencia: «Mi hijo Tommy, del escuadrón 1, está aún en ese edificio, y aún no lo hemos encontrado». La multitud coreó: «¡Que nos devuelvan a Tommy! !Que nos devuelvan a nuestros hermanos!». El presidente de uno de los sindicatos, Kevin Gallagher, alzó el megáfono e invitó a los policías que vigilaban la manifestación a que su unieran: «Algunos de vosotros, agentes, también habéis perdido hermanos. Marchad con nosotros. Lo haremos pacíficamente». Pero la paz brilló por su ausencia cuando avanzaron hacia la Zona Cero, saltaron las barreras policiales y pidieron a los operarios que dejaran de trabajar. Los héroes se liaron a tortazos. Al menos cinco policías resultaron heridos. Doce bomberos fueron arrestados, por incitar a la violencia, asalto, conducta desordenada y obstrucción a la autoridad, entre otras infracciones. Pelea y reconciliación Fue como una pelea entre familias en pleno funeral. Tanto, que después de intercambiar bofetones, y con los ánimos más calmados, manifestantes y vigilantes del orden se fundieron en un abrazo colectivo. Rezaron todos juntos. Los apagafuegos decidieron que era en otro sitio donde tenían que ventilar sus frustraciones. Cambiaron su ruta y desviaron su marcha hasta el Ayuntamiento. Para decirle a Giuliani que a ellos no les cuela que hayan sido separados de las operaciones por seguridad. Es por dinero, vociferaron. Porque quiere limpiar la Zona Cero cuanto antes, aunque ello implique no esmerarse más en localizar cadáveres, denunciaron. Giuliani no dio la cara. Sólo habló después a las cámaras de televisión. Su mensaje a los manifestantes: «Esta conducta es inaceptable. No se puede golpear a los agentes de policías. No se puede romper la ley. Y tienen que tener la suficiente profesionalidad y dignidad para no comportarse así». Y les recordó que ya no hacen falta porque la realidad es que no hay cadáveres que recuperar. Desde el día de los atentados, confesó, se sabía «que la gran mayoría de la gente desaparecería «evaporada» entre el fuego y los escombros. Palabra de héroe.