ENRIQUE VÁZQUEZ ANÁLISIS
16 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.¿Está la salvación en Islamabad? Tal vez es más adecuado el sustantivo salida. Pero si se procura una salida es que hay un camino enrevesado, un laberinto. ¿Lo hay? Oficialmente no, y las operaciones siguen su curso según un calendario previsto y con objetivos tasados. De hecho se intuye que puede haberlo. Colin Powell, secretario de Estado norteamericano, pudo comprobarlo ayer en Pakistán. No tendrá queja alguna de la conducta del amigo paquistaní: el general Pervez Musharraf corre riesgos con su apoyo claro a la operación antitalibán y la aceptación de utilización del (vital, si ve un mapa) espacio aéreo nacional y la presencia de soldados y equipo americanos en al menos dos bases aéreas. Pero Musharraf hace algo más: es el consejero en jefe, sin cargo ni salario, del Gobierno norteamericano y eso se nota en hasta qué punto la posición oficial de Washington sobre el porvenir político en Afganistán en el previsible escenario postalibán se alinea con Islamabad: gobierno de amplia base y muy plural, con una fuerte componente pashtún bajo control paquistaní y hasta con elementos talibán moderados, que, al parecer, los hay. Este criterio es el de Estados Unidos y así lo manifestó el número dos de Powell, Richard Armitage. Sus palabras, cuidadosamente anotadas por los observadores, fueron consideradas como un calco de lo que su jefe, el secretario de Estado, diría en Pakistán. Y lo dijo, añadiendo el estrambote que ha hecho fortuna: nosotros no seleccionaremos al gobierno afgano. Musharraf pidió el rápido cese de los bombardeos (hace una semana previó que durarían uno o dos días más) y, con toda probabilidad, ayuda económica y apoyo político frente a India en el contencioso sobre Cachemira. Este frente, técnicamente ajeno a la crisis antiterrorista, es un fleco hiriente para Islamabad, que ha visto con disgusto que dos organizaciones islámicas que combaten la presencia india en el territorio están en la lista norteamericana de bandas terroristas. Powell fue genérico y parco en este asunto, pero es seguro que Washington hará un esfuerzo mediador, si puede e India lo permite. En Delhi están furiosos porque creen entrever en la actitud paquistaní un intento de obtener ventajas bilaterales a costa de Bin Laden. Y han subido el tono militar y amenazan con más presión militar.