TESTIMONIO Un gallego escapó de la azotea de la Torre Sur al ver el incendio en la Norte Por las noches, Juan Palomanes Campo, verinés de 56 años, se despierta sobresaltado cuando un avión sobrevuela su casa de Brooklyn. Un avión similar se estrelló delante de sus narices cuando pintaba la barandilla de la azotea de la Torre Sur el pasado 11 de septiembre. Vio el incendio de la Torre Norte. Avisó a sus compañeros. Les animó a bajar, porque un sexto sentido le decía que iba a pasar algo. No le hicieron caso. Ahora forman parte de los escombros de las Torres Gemelas. No ha hablado hasta ahora para no preocupar a su madre.
11 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Juan Palomanes es de esos tipos que nacen con estrella. Aquel 11 de septiembre estaba pintando una barandilla en una escalera de la Torre Sur, cuando vio cómo el primer avión suicida se estrellaba de lleno contra la Norte. «A mis compañeros les dije que había que escapar, pero ellos se quedaron de piedra. Tan sólo podía llevarse las manos a la cabeza y decir Oh my God! (¡Dios mío!)», comenta. En ese momento, este gallego natural de la aldea de Saceda, cerca de Verín, no podía imaginar que un segundo avión iba a chocar contra la torre que en ese momento intentaba bajar. «Pensé que el otro edificio iba a desplomarse sobre el nuestro», añade. El descenso Bajó las escaleras desde el piso 110 al 107. Allí cogió el ascensor hasta el 78. Desde allí descendió al 44 en otro elevador. En ese momento, se vio obligado a volver a usar las escaleras, pues los ascensores ya habían sido parados por cuestiones de seguridad. A la altura del piso 20, oyó el gran estruendo del avión contra la torre que él intentaba bajar. «Seguí pensando que había sido el otro edificio que se había caído». Por encima del infierno de fuego y queroseno estaban sus amigos. Juan Palomanes no vio las torres derrumbarse. Su obsesión era llegar a un teléfono público porque, como él dice, «no tengo Internet, pero es que ni siquiera tengo teléfono móvil». Lastenia, su mujer ecuatoriana, sabía que estaba allí mientras veía que se desplomaba el símbolo de la ciudad. Lo daba por muerto.