La cifra de refugiados afganos se puede disparar hasta los tres millones
25 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El periodista Renton, que hasta hace tres meses trabajaba para el London Evening Standard y que ha sido reportero de guerra en los grandes conflictos internacionales de la última década, se quedó en pleno campo de batalla impresionado por la labor que hacía el personal de Oxfam. Y se les unió «cobrando menos de un 25% de lo que me pagaban como periodista». «Que nadie piense que nos vamos a hacer ricos con este trabajo», apunta Renton, hijo de un diputado conservador británico y de la novelista Alice Ferguson. Pero su biografía le ha alejado de los salones de Londres para arrojarlo al lado más duro de la realidad. Trabaja Renton en la oficina de Oxfam en Bangkok, pero el jueves llegó a Islamabad «para echar una mano a los compañeros con la prensa». ¿Las razones? «Tengo 40 años y supongo que es una crisis de edad. Llega un momento en el que tienes que hacer algo para ayudar a los demás», recalca. Escenario desolador Desde Pakistán, Renton responde con buen humor. «Conozco La Voz de Galicia, porque en 1996 navegué por la costa gallega y visité A Coruña, Camariñas y Baiona. A Coruña me gustó muchísimo. ¿Qué tal está la ciudad?», saluda. Pero, tras la cordialidad, asoma un escenario desolador, un paisaje que describe con minuciosidad de anglosajón. «Hay 100.000 refugiados afganos que han cruzado la frontera de Pakistán para huir del desastre, y eso que oficialmente la frontera está cerrada por el Gobierno paquistaní -ayer fue abierta con restricciones-. Pero las previsiones son mucho más terribles, porque, según las últimas informaciones, hay en Afganistán dos millones de personas que han abandonado sus hogares para ir a zonas que antes eran seguras, pero que hoy ya no lo son», relata. El periodista señala que Oxfam remitió el viernes pasado cartas a George Bush y Tony Blair para reclamar a los aliados occidentales que hagan una declaración. «Si los aliados no dicen con claridad a los afganos que no va a haber un ataque, el miedo llevará a una evacuación masiva que derivará en un gran desastre humanitario», explica. Las cifras, aclara, se pueden disparar hasta los tres millones de refugiados en las montañas, una zona sin agua que convierte la ayuda de entidades como Oxfam y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en una «tarea imposible». La ONG está trabajando a marchas forzadas para instalar depósitos de agua y ofrecer suministro a 500.000 personas. Las cifras sobrepasan su capacidad de respuesta y anuncian una auténtica catástrofe. «Esto ya es una catástrofe -matiza Renton- porque no hay comida, ni agua, ni asistencias sanitarias, así que creemos que en cuestión de semanas la cifra de muertos en Afganistán superará a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre». «Y lo peor de todo es que, como suele suceder siempre, las víctimas no tienen nada que ver con la causa del conflicto, porque los mismos que huyen de sus casas por el miedo a un ataque, fueron los que durante años lucharon con los talibanes», señala. Amenazas El personal de Oxfam en Afganistán se mueve entre la inminente tragedia de los refugiados, la amenaza bélica de Occidente y el creciente rechazo de la población paquistaní. La conversación telefónica se tuvo que interrumpir porque Oxfam cerraba su oficina en Islamabad. «Tenemos que irnos todos a casa porque van a empezar las manifestaciones contra América y el Reino Unido», explica Alex Renton. Media hora más tarde, desde su alojamiento en Islamabad, el periodista británico retoma la charla. «Vivimos en una zona de mayoría talibán y estamos en un grave peligro, incluso nuestro personal afgano, porque al ser una asociación internacional nos vinculan a los aliados», apunta. Como corresponsal de guerra, Renton vivió en primera fila los conflictos de Kosovo, Macedonia y Sierra Leona. «Esto es mucho peor que Kosovo, aunque hay una cosa en común, que las víctimas siempre son las mismas, las personas que no tienen nada que ver con el conflicto», subraya. La conversación se extingue y Renton se despide con humor: «Soy de Escocia, así que espero que te tomes una pinta de cerveza por mí, porque aquí está prohibido el alcohol».