El Congreso prima la seguridad nacional para aumentar el presupuesto de Defensa y otorgar más autoridad al FBI Las consecuencias de los actos terroristas cometidos la semana pasada no se miden sólo en miles de muertos y multimillonarios daños materiales. Los esfuerzos legislativos también han sufrido un extraordinario vuelco.
18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal En Washington, la Casa Blanca y el Congreso se han visto obligados a establecer un nuevo orden de prioridades. Los asuntos domésticos, como la reforma educativa y la del sistema público de pensiones, por ejemplo, han sido aparcados temporalmente. Toda la atención se centra ahora en la seguridad nacional. Los comités competentes del Legislativo han vaciado sus agendas para ocuparse de la propuesta antiterrorista que el fiscal general, John Ashcroft, formalizará próximamente. La iniciativa busca reforzar todo lo posible los mecanismos para prevenir e investigar los atentados y castigar a sus responsables. Según anticipó Ashcroft, proporcionará más autoridad al FBI para realizar escuchas informáticas y telefónicas, e impondrá sanciones más severas a los terroristas y a quienes les ayuden o financien. El estado de Nueva York se anticipó a las autoridades federales. El gobernador, George Pataki, firmó el lunes tres nuevas leyes que tipifican nuevos crímenes e imponen penas más severas en esta materia. El crimen de «terrorismo» será castigado con la pena de cadena perpetua, o con la capital si el atentado causa alguna muerte. Dar más de mil dólares (179.000 pesetas) a una organización terrorista costará hasta quince años de prisión. Las simples amenazas terroristas y las falsas amenazas de bomba, hasta siete años. El seísmo legislativo que se avecina afectará también al presupuesto para Defensa. George Bush no las tenía todas consigo en su proyecto de aumentar sustancialmente los gastos en este capítulo. Ahora, demócratas y republicanos presentan un frente unido que quiere armar la primera potencia mundial hasta los dientes. Mientras, Bush sigue reclamando a los ciudadanos que contribuyan con tiempo y dinero a las tareas de salvamento y reconstrucción. Ayer lo hizo otra vez, en una comparecencia televisada desde la Casa Blanca en la que dijo estar «orgulloso» de sus compatriotas.