CÉSAR CASAL GONZÁLEZ EN TINTA CHINA
17 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.A mí eso de G-8 siempre me sonó a crucigrama, a batallita de los barcos, a agua, tocado o hundido. Resulta que G-8 no es una casilla, aunque saca de las casillas a tantos. G-8 es el cielo del poder. Se reúnen en Génova y los tienen que vigilar 18.000 policías para que no les revienten la cena de gala y la foto de familia. Les acosan los antiglobalizados. Odio escribir antiglobalización, porque odio escribir globalización. No me gustan las palabras tan largas. Los polisílabos no dan juego para sincerarse, para contar. Parecen enfermedades. A mí me gustan las cosas dichas en corto. Voy allá. G-8 es el cielo del poder, decía, y el infierno de los que sufren. Aplaudo que Greenpeace coloque la bandera americana con un dólar encima de las barras y estrellas en un barco en Génova. Aplaudo con rabia que un ejército de libertarios se enfrenten a miles de policías para que los poderosos sepan que -por lo menos- nos damos cuenta de que nos están robando. Nos roban el bolsillo y ahora quieren nuestras almas. Sí, nos quieren robar lo más importante: la libertad de ser diferentes, la libertad de elegir sueño o pesadilla.