DAVID GIPPINI CRÓNICA Los Reyes de España presidieron el desfile militar
14 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.LREDEDOR de 60.000 personas se concentraron ayer en los Campos Elíseos, pese a la lluvia y al frío, para asistir a la tradicional parada militar del 14 de julio. Eran casi las once de la mañana cuando, en medio de una gran expectación, unos acordes musicales marcaron el inicio del desfile. Pero, para sorpresa general, lo que sonó no fue La Marsellesa, ni una marcha militar, sino España cañí. Así, a ritmo de pasodoble, 192 miembros de la Guardia Real española tuvieron el honor de abrir el desfile en su primera participación. Y es que el primer 14 de julio del siglo XXI tuvo un marcado carácter hispano. Un total de 573 miembros de la Guardia Real participaron en el acontecimiento, mientras don Juan Carlos compartía la tribuna con el presidente francés, Jacques Chirac. Detrás, Piqué y Trillo escoltaban a doña Sofía y a la esposa de Chirac. El paso de la caballería española fue uno de los momentos más aplaudidos de un desfile que quedó deslucido por el mal tiempo. La lluvia y el viento obligaron a reducir la participación de la aviación al paso velocísimo de tres o cuatro Mirage. La presencia de tropas españolas sigue la tendencia ya iniciada el año pasado, cuando participaron en el desfile representantes de ocho países europeos para contrarrestar el carácter chovinista que muchos atribuyen a esta fiesta. Pero el toque hispano no fue la única novedad de este 14 de julio atípico. También fue la última oportunidad para ver participar en el desfile a soldados de reemplazo. A partir del año que viene, el Ejército francés será enteramente profesional, por lo que los 31 reclutas forzosos que marcharon ayer son los últimos de su especie y tendrán, por tanto, una buena historia de la mili que contar. Pero, profesionales o no, los 4.600 participantes tuvieron que soportar la lluvia a la intemperie durante horas. A las seis de la mañana ya estaba dispuesta la formación, y así se mantuvo hasta pasadas las diez y media de la mañana. A esa hora, el presidente francés terminaba de pasar revista a las tropas y se dirigía al palco. Pero lo más probable es que su mente estuviera muy lejos de los Campos Elíseos. En efecto, la Fiesta Nacional llegaba en mal momento para Chirac, enredado en acusaciones de corrupción durante su etapa como alcalde de París. Sin embargo, Monsieur Chirac tuvo fuerzas para aplaudir a los jinetes de la Guardia Real, que cerraron el acto al son de Carmen, otra nota española en la fiesta francesa.