Tíbet, entre Buda y el comunismo

DAVID GIPPINI A CORUÑA

INTERNACIONAL

CHIEN-MIN CHUNG

Hoy se cumple el 50 aniversario de la anexión de este territorio por parte de China Antes de 1949, poco o nada se sabía acerca del Tíbet, un oscuro Estado feudal situado en plena cordillera del Himalaya y ajeno a toda influencia extranjera desde su independencia en 1642. Pero aquel año, los comunistas encabezados por Mao se hicieron con el poder en Pekín y, rápidamente, dirigieron sus miras hacia el Tíbet. Tras unos meses de ocupación, el Gobierno encabezado por el actual Dalai Lama se vio obligado a ceder a China la soberanía el 24 de mayo de 1951. Ha pasado ya medio siglo, pero el pueblo tibetano sigue reclamando la independencia con sus únicas armas: las manifestaciones pacíficas y el prestigio del Dalai Lama.

22 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los actos de conmemoración de la ocupación china comenzaron el lunes entre fuertes medidas de seguridad y con un escaso entusiasmo popular. Y es que los tibetanos aún recuerdan la sangrienta represión de 1989, coincidiendo con el 40 aniversario de la huida del Dalai Lama, que en 1959 creó un Gobierno alternativo desde su exilio en Dharamsala (India). Aquel año, el régimen comunista inició la destrucción de la identidad del pueblo tibetano. Más de 6.000 monasterios budistas fueron destruidos, el chino fue impuesto como lengua oficial y Pekín dejó de reconocer la autoridad del Gobierno autónomo establecido en Lhasa, la capital. El exilio En estas condiciones, no había más salida que el exilio, una solución adoptada por más de 100.000 tibetanos que, a pesar de todo, pueden considerarse afortunados. Entre los que se quedaron, se calcula que más de un millón y medio perdieron la vida a causa de la represión comunista. Otros dos millones fueron desplazados a varias provincias chinas, dentro de la política de Pekín de convertir a los tibetanos en minoría dentro de su propio país. Todo ello ha convertido al Tíbet en una causa que abrazan por igual famosos como Richard Gere y la Fundación Nobel, que concedió al Dalai Lama el premio de la Paz en 1989. Un drama denunciado por el escritor ruso Alexander Solzhenitsin como «el régimen comunista más brutal e inhumano del mundo», y lo dice alguien que sabe lo que es ser deportado a Siberia.