UN MENSAJE DE PAZ

La Voz

INTERNACIONAL

GONZALO PARENTE VENTANA AL MUNDO

21 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El domingo pasado, y ante cien mil fieles en la plaza de San Pedro, Juan Pablo II lanzó un mensaje al mundo: «La paz todavía es posible». Sorprende que el Papa, de quien se dice que dispone de la mejor información de la situación internacional, asegure que hay esperanza. ¿Qué sucede para esta afirmación sobre la paz mundial? Cuando un incidente como el del avión espía puede originar una crisis entre dos potencias nucleares (Estados Unidos y China); cuando en Oriente Próximo los cañones abren fuego diariamente y producen muertes inútiles que germinan más odios y más violencia; cuando poblaciones enteras se ven sometidas a bloqueos, embargos y guerras civiles por culpa de líderes iluminados; cuando es posible esclavizar niños y venderlos como mercancías humanas, ya en el siglo XXI y mientras una nave espacial viaja a la conquista de Marte, algo grave para la paz mundial está sucediendo. ¿Cómo no va a estar preocupado el Papa? Crisis permanente Por eso invitó a toda la humanidad a buscar la paz. Porque estamos viviendo en una crisis permanente y generalizada que exige, cuando menos, que se tenga conciencia de los riesgos bélicos, ecológicos, económicos, políticos y sociales a que están llevando las codicias, la delincuencia, la injusticia y la corrupción extendidas por el mundo. Se le puede echar la culpa a la globalización, pero ésta no es más que un fenómeno que ha resultado como fruto de la revolución tecnológica que disfrutamos. Lo que sucede es que algunos la emplean exclusivamente para su conveniencia en vez de emplearla en el bien común. Buscar soluciones Por eso el Papa animó -oportunamente- a liberarse del fatalismo pesimista y a buscar soluciones de arreglo a tantos conflictos como aparecen por el mundo. Es verdad que hay muchos luchadores por la paz que están dando la cara en zonas de conflicto como en Bosnia o en Kosovo, pero hay otros muchos países, como Afganistán o Colombia, donde la vida no vale nada; y, aun en el interior de países en paz, también hay comunidades, grupos y tribus que se debaten en un clima de guerra y terror. Por eso, el mensaje de paz de Juan Pablo II quiso ser un mensaje de ánimo y de esperanza, que no debiera pasar desapercibido.