EL VOTO Y LA PISTOLA

La Voz

INTERNACIONAL

MANUEL ALLENDE PERFIL

27 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Para unos, Gerry Adams no es más que un relaciones públicas con pistola, que se ha colocado una corbata y que vende de casa en casa una democracia con olor a pólvora. Para otros, es un traidor a la causa republicana, un vendido a los unionistas y a Londres, que esconde en sus promesas de una Irlanda unida una vanidad de político de renombre internacional. Pero lejos de los extremos, lo cierto es que Adams es uno de los arquitectos del actual proceso de paz para Irlanda del Norte, un hombre que ha sabido aprovechar los deseos de poner fin al conflicto para conducir al movimiento republicano a una difícil, pero necesaria transformación. En otras palabras, convencer a los que están acostumbrados a hacerse escuchar con las armas de que es posible una paz sin rendición. Adams, que pertenece a una familia de fuertes convicciones republicanas, ha consagrado su vida a la consecución de una Irlanda unida. Encarcelado en la prisión de Maze en 1971, se convirtió en el cabecilla de los reclusos republicanos y desde entonces forma tándem con Martin McGuinness. Se cuenta que en Maze, Adams impartía clases de política y sobre cómo manejar una pistola. Para entonces su prestigio era ya tan alto que, en 1972, fue puesto en libertad para participar en Londres en unas conversaciones secretas con el Gobierno. En 1984, resultó herido en un atentado de los lealistas. La inclinación pacifista de Adams no es nueva. Ya en 1979 dijo que los objetivos republicanos no se lograrían sólo por medios militares, aunque entonces seguía manteniendo la política de voto y pistola. Su estrategia política logró la base electoral que necesitaba tras las huelgas de hambre de 1981, en las que murieron 10 miembros del IRA. En 1983, fue elegido presidente del partido y una de sus primeras medidas fue abandonar la no comparecencia al Parlamento irlandés. Ese año también fue elegido por Belfast para el Parlamento de Westminster, escaño que nunca ocupó. Su mayor apuesta fue apoyar el Acuerdo de Paz de Viernes Santo, lo que pudo significar el fin de su carrera política, pero que supuso su entronización en el Ulster. Ahora su objetivo es derrotar a la línea dura del IRA y convencer a la organización para que inicie el desarme.