Las instalaciones subterráneas estadounidenses en el área de la embajada de Moscú constituyen una de las más costosas operaciones clandestinas, en la que se invirtieron muchos centenares de millones de dólares. La falta de productividad de esta operación es atribuida por algunos expertos a la traición de Hanssen, pero también a posibles fallos técnicos no especificados. Ni la Casa Blanca ni el FBI formularon comentarios de inmediato sobre el túnel y el impacto que la revelación de su existencia pueda tener en las relaciones bilaterales. Aunque el Gobierno de Washington jamás ha facilitado detalles sobre el túnel, según The New York Times, en la acusación oficial enviada a los tribunales en el caso Hanssen se explica que este agente «comprometió totalmente un programa técnico de enorme valor, caro y de importancia para los EE UU». En este sentido, un ex-funcionario de los servicios de información estadounidense, cuya identidad no fue difundida, expresó sus dudas de que la operación subterránea en la sede de la misión diplomática rusa haya obtenido el éxito que se esperaba.