Los servicios de rescate trataban ayer de recuperar en Selby, Yorkshire, los cuerpos de las víctimas mortales que permanecían atrapados entre el amasijo de hierros de los trenes accidentados el miércoles en Inglaterra. Aunque la cifra oficial de víctimas mortales es de trece, la policía no descarta que aparezcan más cuando se remuevan los restos de los vagones afectados por el siniestro. De los setenta heridos, veinte continúan ingresados, algunos en estado crítico. Entre los que han sido dados de alta se encuentra la española Analía López Dacero, que viajaba en el tren de pasajeros que chocó con el de mercancías. Vicky Thomson, su jefa en la compañía GNER, propietaria del ferrocarril, indicó a este periódico que Analía está físicamente bien, pero necesita unos días de descanso para recuperarse. Las investigaciones se centran en las barreras de seguridad ubicadas en el puente de la autovía que cruza por arriba de las vías, y que no lograron evitar la caída del Land Rover y el remolque con un vehículo hasta los raíles, lo que causó el accidente. Aunque el miércoles se indicó que el motivo por el que el conductor perdió el control del Land Rover fue el reventón de una rueda, ayer la policía investigaba la posibilidad de que el conductor se quedara dormido, ante la falta de señales de frenada en la carretera y del extraño recorrido que realizó el vehículo y el remolque hasta caer en las vías. La locomotora del tren de pasajeros también estuvo involucrada en el accidente de Hatfield, en octubre, en el que murieron cuatro personas.