GONZALO PARENTE VENTANA AL MUNDO
24 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La Asamblea General de la ONU, por resolución 14/22, de 10 de noviembre de 1999, aprobó el proyecto Belén 2000 que resulta de gran interés en el momento actual. Esta iniciativa, de hace tan sólo catorce meses, contrasta con la realidad pesimista que se vive en Oriente Medio. La resolución de la ONU reconoce a Belén como ciudad santa, lugar ideal para el encuentro de gentes de buena voluntad. El proyecto era muy ambicioso, estaba apoyado por Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Comisión Europea, además de instituciones de varias religiones. La celebración -todavía en vigor- comenzó en la Navidad de 1999 y finalizará la próxima Semana Santa. Ante la certeza de que el proceso de paz iba a concluir felizmente, se pretendía ofrecer un marco a las celebraciones de tal evento, coincidiendo con el segundo milenio del nacimiento de Jesucristo, en las que participasen conjuntamente mulsumanes, judíos y católicos. Pero la realidad de los hechos ha sido muy distinta. El proceso de paz, iniciado en Madrid hace diez años, se fue muriendo, al igual que las innumerables víctimas de uno y otro lado, consumidas en la hoguera del odio y la violencia racial, cultural y religiosa. El ex-presidente Clinton, ahora denostado, hizo grandes esfuerzos para conseguir la paz que Arafat y Barak estaban deseando. Entonces, ¿por qué no lo consiguieron? ¿Querían la paz ambos pueblos? Parece que también. Sólo los intolerantes, los fanáticos y los que durante cincuenta años han vivido de la guerra no quieren la paz. Eso explica el resultado de las elecciones en Israel. La solución del conflicto a corto plazo ya no es posible. Ahora sólo queda el recurso de la ONU. La intervención humanitaria para defender a una población masacrada y desesperada por culpa de la decisión tomada por ese mismo organismo internacional el 29 de Noviembre de 1947, cuando declaró la existencia de dos Estados en los mismos territorios y no se preocupó de hacer cumplir sus resoluciones, resulta ahora la única salida. Pero me temo que la intervención será una utopía, al igual que el proyecto Belén 2000.