GONZALO PARENTE, analista estratégico La semana pasada asesinaron a Laurent Désiré Kabila, presidente de la República Democrática de Congo, en su propio palacio de gobierno. En el aire han quedado varias incógnitas: ¿Quién y por qué lo mataron?
27 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Kabila, disgustado con sus jefes militares (entre los que estaba su hijo), los convocó a una reunión, a la que acudieron armados. Según la versión oficial, «un ayudante se dirigió a Kabila para entregarle un mensaje en una sala contigua y le disparó; inmediatamente el asesino fue muerto por los guardaespaldas». Con ello desapareció el motivo del asesinato. La reunión fue convocada por Kabila para expresar su desacuerdo por la marcha de la guerra civil, en la que las tropas rebeldes, apoyadas por Uganda y Ruanda, estaban ganando casi la mitad del territorio nacional. Mientras en el bando propio, apoyado por Angola y Zimbabue, cunde la desesperanza. Así, un país tan extenso como cinco veces España, se encuentra en trance de romperse, comido por la corrupción y la ruina. Una nación africana de enormes riquezas minerales (oro, diamantes y cobalto) tiene la deuda exterior más grande de toda África y en cambio sus habitantes tienen la renta más baja -790 dólares, mientras Gabón, por ejemplo, dispone de 6.390-. ¿Quién tutela, quién pierde la guerra y quién se beneficia de la desaparición de Kabila? Si se acepta la versión de que Ruanda y Burundi no intervinieron en el asesinato, ¿qué nos queda? El bando que está perdiendo la guerra, que está agotando sus reservas y que no tiene futuro, debe buscar una solución sin Kabila. Luchas de poder Unos y otros se disputan las riquezas de ese enorme, rico y desorganizado país, en el que hace tres años, el propio Kabila tomó el poder con otra guerra civil contra Mobutu, entonces presidente del Zaire. Estamos ante un nuevo escenario de disputas centroafricanas entre esos países que, en vez de dedicar sus esfuerzos a mejorar la vida de sus ciudadanos, emplean sus riquezas en luchas de poder territorial, en las que enormes masas de población terminan de sufridores frente a unos líderes que no saben, no quieren o no pueden ejercer su poder, obtenido por las buenas o por las malas.