Comienza una nueva era para México

DAVID GIPPINI A CORUÑA

INTERNACIONAL

DARÍO LÓPEZ-MILLS

La victoria de Vicente Fox en las elecciones de julio supuso la primera derrota del PRI después de 71 años en el poder La llegada de Vicente Fox al poder ha roto todos los moldes de la política mexicana en tan sólo unos meses. La mayor de sus hazañas es, sin duda, haber acabado con la hegemonía del PRI, que había durado más de siete décadas. Sólo por esto, Fox merecería ser recordado en el futuro.

27 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Pero existen otros argumentos que garantizan la popularidad del nuevo presidente mexicano. Fox ha introducido un nuevo estilo de hacer política, con el populismo como arma principal. Ataviado con sus botas camperas y con la autoridad que le confiere su estatura imponente, su campaña electoral se basó en una sucesión de frases lapidarias, como «hay que hundir al PRItánic» o «voy a gobernar para los jodidos». Fox es, además, el primer hombre divorciado que accede a la presidencia mexicana, lo que no le impide definirse como católico practicante y demostrar su fe en público. Falta de prejuicios El presidente mexicano ha llevado esta falta de prejuicios al terreno de la política. A la hora de formar gobierno, Fox reclutó a algunos de sus ministros en empresas privadas, pero también recurrió a un intelectual izquierdista como Jorge Castañeda para la cartera de Exteriores, y no dudó en animar a los mexicanos para que optaran a ocupar cargos en la administración pública. Con estas credenciales, Fox ya ha recibido el beneplácito de Estados Unidos y de la mayoría de sus colegas latinoamericanos. En el interior, la buena voluntad demostrada en la resolución del conflicto zapatista y su falta total de dogmatismo parecen garantizarle a Fox un cierto margen de confianza. Su mayor reto parece ser el de garantizar un mejor reparto de la riqueza en un país que cuenta con cuarenta millones de pobres. Para ello, ha anunciado una reforma fiscal que garantizará unos mayores ingresos al Estado. Pero también deberá combatir otros frentes, como la corrupción, el narcotráfico o las difíciles relaciones con el poderoso vecino del norte, Estados Unidos.