La ampliación obliga a limar diferencias entre los Quince y a hacer una piña ante los futuros socios La única propuesta concreta para afrontar la reforma institucional es la de la presidencia de turno, que este semestre ejerce Francia. El jefe de Estado y el primer ministro galos, el conservador Jacques Chirac y el socialdemócrata Lionel Jospin, respectivamente, han aparcado sus diferencias -que no son pocas- y tratan de convertir la cumbre de Niza en un referente histórico.
09 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.A pesar de los esfuerzos del tándem Chirac-Jospin, en Niza difícilmente quedará cerrada la arquitectura institucional de la futura Unión Europea (UE). La propuesta francesa aborda tres grandes retos inmediatos, que son urgentes por mor de la proyectada amplicación, más un cuarto punto de contenido eminentemente estratégico y esencialmente político. Votos ponderados Francia propone que la escala de votos ponderados en el Consejo de Ministros de la UE -que está basada en la población de los países socios- esté entre los 3 y los 30, manteniéndose los actuales tres niveles. El primero es el formado por los cuatro grandes (Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia). En el segundo escalón figurarían los socios medianos, en el que quedaría incluida España, aunque de forma aventajada si se tienen en cuenta parámetros demográficos. Y en tercero término, el grupo de los pequeños, en el que se codearían casi todos, desde la todavía cuestionable democracia eslovaca hasta el baluarte financiero luxemburgués. En la propuesta gala, la mayoría cualificada queda establecida en 231 votos, sobre un total de 321 posibles; mientras que la minoría de bloqueo debería reunir 91 votos. Además, las decisiones por mayoría cualificada carecerían de legitimidad o valor legal cuando no estuvieran respaldadas por al menos la mitad más uno de los países socios. Mayoría cualificada Los asuntos que, según la propuesta gala, podrán ser decididos por mayoría cualificada -lo que equivale a renunciar al derecho de veto- son derechos fundamentales, política social, circulación de personas (visados), asilo e inmigración, fiscalidad, mercado único, y política de cohesión. En este último aspecto, España ya ha levantado la voz para decir no, pues se corre el riesgo de que una mayoría cualificada recorte e incluso suprima los Fondos Estructurales y de Cohesión. La mayoría de la Eurocámara avala la tesis hispana, pues las perspectivas financieras para el período 2000-2006 -que en sí mismas y por haber sido aprobadas por un Consejo Europeo son un pilar constitucional de la UE- ya prevén dotaciones específicas para la política de cohesión. Comisión Europea La presidencia de turno propone el establecimiento de un techo en el número de miembros del Ejecutivo (se habla de 20), aunque la aplicación de este tope quedaría aplazada a la entrada en la UE de al menos diez nuevos socios. No obstante, en el año 2005 la Comisión tendría un nacional de cada estado miembro, lo que obligaría a los cinco grandes a renunciar a un comisario (Alemania, Francia, España, Gran Bretaña e Italia poseen actualmente dos sillones en el gabinete de Romano Prodi). Post Niza La presidencia del Consejo también propone incluir en las conclusiones de la cumbre una declaración aneja que obligue -así lo defiende Lionel Jospin- a simplificar y sistematizar los textos legales que conforman el Tratado de la Unión. El objetivo primordial es facilitar la comprensión y aplicación de la legislación europea. Pero esta medida también contribuiría a reforzar en la práctica los poderes de la Comisión y del Tribunal de Justicia, cuyas competencias son a veces cuestionadas debido a la selva de textos legales que en ocasiones ocultan el alcance legal y real del Tratado. Para redondear, la presidencia de turno (o Francia) aspira a que los Quince otorguen carácter vinculante a la Carta de Derechos Fundamentales de los ciudadanos de la UE.