El aspirante a la vicepresidencia de EE UU representa al ala más conservadora del Partido Demócrata El equilibrismo es un arte que siempre entraña dificultad. También en el ámbito de la política. El elegido demócrata para aspirar a la vicepresidencia de EE UU, Joe Lieberman, tuvo ayer su noche estelar al presentarse formalmente ante la Convención que el «partido del burro» celebra en Los Ángeles. Pero llegó a tan señalado momento deslizándose por una resbaladiza cuerda floja. Una cuerda escorada hacia la derecha y que amenaza con alienar a los sectores más liberales, básicos para el triunfo en noviembre.
16 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal Una de las claves que hace ocho años llevó a Bill Clinton a la Casa Blanca fue su éxito a la hora de desplazar el Partido Demócrata hacia al centro. Al Gore no sólo ha apostado por continuar en la misma dirección, sino que al entender de muchos liberales la ha acentuado aún más hacia el terreno propio de los conservadores. Los que así piensan ven en la elección de Lieberman el mejor ejemplo de la derechización demócrata. Y no están demasiado contentos con ella. Ha sido por esta razón que el propio Lieberman se ha visto obligado a cortejar en Los Ángeles a los insatisfechos. Antes de su discurso de anoche, el senador de Connecticut se reunió con destacados delegados negros. Para calmar sus inquietudes, les garantizó que favorece los programas de discriminación positiva y que no promoverá una iniciativa para financiar con dinero público la asistencia de estudiantes a escuelas privadas. Su trabajo continuó estableciendo un diálogo semejante con los representantes hispanos y sindicales. De esta manera buscó contentar a las bases tradicionales demócratas, sin las que la victoria en las urnas es inviable. El giro institucional del partido hacia posturas conservadoras intentará atrapar a los votantes independientes y a los republicanos más moderados. El Partido Demócrata se encargó de acompañar los complicados equilibrios de Lieberman dedicando la jornada del martes a su ala más liberal. Se recurrió a la venerada voz del senador Edward Kennedy y a otros tres integrantes del clan de Camelot. También a la aún influyente personalidad del reverendo negro Jesse Jackson, y a la del único contrincante que Gore tuvo durante las primarias, el ex-senador por Nueva Jersey Bill Bradley.