En el cierre de la Convención Republicana, el candidato prometió derribar el muro entre ricos y pobres El Partido Republicano ha comenzado su particular cuenta atrás electoral. George Bush, el elegido para intentar arrebatar la Casa Blanca a los demócratas, inició ayer un sprint final, que durará algo más de tres meses. En este período intentará convencer a los americanos que representa a un nuevo conservadurismo. Para este objetivo, no dudó en escorar retóricamente su mensaje hacia el centro político. Hasta tal punto que el discurso de aceptación de su candidatura podría haber sido suscrito por Bill Clinton, o por el que será en noviembre el rival demócrata en las urnas, Al Gore. Bush se apuntó al carro de la lucha por los olvidados.
04 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal El hijo del último presidente republicano dio buena prueba en la Convención que su partido cerró el jueves (madrugada de ayer en España) en Filadelfia de que él y sus asesores no tienen nada que envidiar a los estrategas liberales. Diríase incluso que son alumnos aventajados de la escuela alumbrada por Clinton en 1992. El actual inquilino de la Casa Blanca es el principal responsable del giro demócrata hacia la derecha. Decidió hace más de ocho años que era la fórmula para llegar al Despacho Oval. Y la llevó adelante sin rubor alguno. La estrategia para su reelección en 1996 fue todavía más osada. Consistió básicamente en usurparle a los republicanos los temas más característicos de su agenda. Maniobras políticas Pero en el juego del poder público estadounidense hasta el más tonto fabrica relojes. Bush, que carece de experiencia, conocimientos y pudor, es en la actual contienda el que se ha adelantado en las maniobras de hurto político. El que ha hecho suyas, y de su partido, las consignas más demócratas. El gobernador texano subrayó que muchos se sienten olvidados, o dejados atrás en estos momentos de prosperidad. «Somos su país también _añadió_. Cuando no afrontamos estos problemas, aparece un muro dentro de nuestra nación. A un lado está la riqueza y la tecnología, la educación y la ambición. Al otro lado está la pobreza y las prisiones, la adicción y la desesperanza. Y, mis conciudadanos americanos, debemos derribar ese muro». El republicano se ofreció a «extender la promesa de la prosperidad a cada rincón del país». Su legitimidad, explicó, procede de encabezar «el partido de las ideas y la innovación, el partido del idealismo y la inclusión, el partido de una esperanza simple y poderosa». En resumen, de un nuevo populismo.