Cheney arremetió contra los ocho años de Clinton, que calificó de «indecentes y carentes de integridad» Ayer fue la noche de George Bush. El hijo del último presidente republicano pronunció el discurso de aceptación oficial de su candidatura ante una estática audiencia en el Centro First Union de Filadelfia (Pensilvania). El aspirante a la vicepresidencia, Dick Cheney, se encargó la víspera de caldear el ambiente, con una arenga plagada de ataques a los demócratas.
03 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.JAIME MEILÁN NUEVA YORK. Corresponsal Con independencia de lo que decidan las urnas en noviembre, Bush ya se ha ganado un puesto destacado en la historia conservadora. Ha logrado que el Partido Republicano se rinda unido a sus pies, aunque su experiencia en el juego político se reduzca a siete años al frente del Ejecutivo de Texas. La puesta de largo de la estrella del «conservadurismo compasivo» estaba prevista para después de las cuatro de la madrugada de hoy (hora española). Mientras los delegados republicanos aguardaban por tan especial momento, tuvieron oportunidad de regocijarse con el primer ataque desaforado contra los rivales demócratas que se produce en la convención. El encargado de la excepcional ofensiva retórica _durante el resto de la convención los del partido del burro han sido ignorados_ fue Cheney. «¿Hay alguien, republicano o demócrata, que crea seriamente que los próximos cuatro años serían diferentes de los últimos ocho?», preguntó en voz alta el segundo de Bush. Esos «últimos ocho años», los de Clinton, los calificó de indecentes y carentes de integridad, de época en la que se ha debilitado el poderío militar estadounidense y en la que no han disminuido los impuestos. «Es hora de que se vayan», dijo de Clinton y Al Gore. La audiencia respondió a coro: «¡Mándalos a casa!». Y globos y confetti cayeron del cielo.