Los españoles, sobre todo gallegos y canarios, afectados por las inundaciones denuncian la desidia del Gobierno de Chávez Venezuela, 15 y 16 de diciembre de 1999. Varios días de lluvias intensísimas causan inundaciones terribles en Vargas y Miranda, estados limítrofes con Caracas. La cifra de muertos podría acercarse a los 50.000, entre ellos unos quinientos españoles, muchos de ellos gallegos, según los datos de una organización no gubernamental. Un año después, sus familiares piden ayuda y denuncian el olvido del Gobierno de Hugo Chávez. En La Guaira, casi 1.500 familias españolas resultaron damnificadas, la mayoría canarias y gallegas. Denuncian la desidia de las autoridades, a quienes parecen molestar en sus futuros planes en la zona.
09 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.«Hace sólo dos semanas encontramos el cadáver de mi padre. Estaba dentro de su camión, que fue arrastrado por el agua. Llevaba allí meses, varado en la playa. Nadie se había preocupado de rescatarle, pese a que todo el mundo lo pedía. Decían que era un muerto más, no les interesaba. Supongo que porque no es de su familia». La canaria Cristina Suárez, de treinta años, perdió casi todo menos la vida en la catástrofe de Venezuela de diciembre del pasado año. A sus padres, a su hermana, su casa, su coche, su pasado... Habla con palabras tristes, pero con ánimo. Es una luchadora. Esta joven española vive ahora, con su hijo y su otra hermana, en la casa de su mejor amiga en Caracas. Pero ella, seis meses después de la tragedia, continúa buscando a sus seres queridos, tres de las quinientas víctimas españolas, según la ONG Nuevos Lares. Casi 1.500 familias españolas resultaron damnificadas, la mayoría canarias y gallegas. Nada que extrañar. El puerto de La Guaira, en el corazón del estado de Vargas, era el destino de muchos emigrantes que desafiaron al Atlántico. «Hemos recurrido a la fiscalía, que no nos informa alegando secreto sumarial. Hemos buscado en refugios, en campamentos. La esperanza es lo último que se pierde y nosotros seguimos detrás de la pista de nuestra madre y de nuestra hermana», añade Cristina. Los días 15 y 16 de diciembre del año pasado ocupan lugar de honor en la historia trágica de América Latina. Varios días de intensísimas lluvias (en un solo día llovió más que en todo un año) provocaron inundaciones y desbordamientos jamás vistos, la montaña se vino encima de los estados de Vargas y Miranda. El Gobierno de Hugo Chávez calcula, a día de hoy, en 5.200 el número de víctimas. El recuento gubernamental prosigue escarbando en el censo, adelantando que la cifra final puede acercarse a 10.000 muertos. Números ridículos si se comparan con los 50.000 que estima la Cruz Roja. «Todavía siguen apareciendo personas, hay gente metida en las montañas, con campesinos. Desolador...», insiste Cristina. Tan desolador como el escenario que se ha dibujado tras el diluvio. Seis meses después, «todo sigue igual, sino peor», asegura vehemente el arquitecto gallego Ricardo Álvarez. Un ejemplo: «El Gobierno tardó cuatro meses en limpiar algunas calles y lo hizo después de que cortáramos la carretera. Primero pensaron en hacer un camposanto, para no gastar un bolívar; después salió la idea de poner en pie Nueva Esmeralda, una especie de Cancún venezolano», continúa la canaria Pilar García, una de las voces que más claro y más alto resuenan en la ONG Nuevos Lares. «En definitiva, la política del Gobierno es el abandono. Nuestras propiedades se están deteriorando y si no las rehabilitamos en dos años, las perderemos», concluye Álvarez.