El PRI permite una transición pacífica al aceptar su papel como partido opositor
INTERNACIONAL
Zedillo pasará a la historia como el presidente que propició los cambios democráticos y Labastida, como el primer candidato vencido El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que para muchos mexicanos ha sido la encarnación del poder en 71 años consecutivos de gobierno, demostró sus promesas de apertura y democracia, en las que pocos creían, al aceptar con resignación que será oposición. El todavía presidente de México, Ernesto Zedillo, y su candidato a sucederle, Francisco Labastida, reconocieron la derrota sólo tres horas después de acabar la votación. El primero pasará a la historia como el mandatario que favoreció la transición y Francisco Labastida asumirá la carga de ser el primer candidato vencido en 71 años.
03 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los electores mexicanos no estaban habituados a unos comicios en los que no figurara el PRI como favorito, por lo que ha sorprendido la gallardía _otros dicen mansedumbre_ con la que admitió la derrota. Zedillo, el presidente que llegó al poder casi «por casualidad» tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio (1994), cumplió su anuncio de facilitar la transición en México. Primero favoreció la independencia del aparato electoral, dando autonomía al Instituto Federal Electoral (IFE), y después respaldó la apertura del Partido Revolucionario Institucional, cuya estructura había permanecido casi intacta desde su creación, en 1929. Un técnocrata Zedillo, un tecnócrata formado en Estados Unidos, venció la resistencia de la vieja guardia del PRI, que lo veía como un neoliberal más centrado en los temas económicos que en la rutina política. Algunos analistas consideran que en realidad hizo de la «necesidad una virtud» y amparó la «democratización» del PRI para evitar una derrota cantada. En cualquier caso, impulsó el proceso que derivó en unas primarias en las que resultó vencedor su ministro del Interior, Francisco Labastida. Bajo el lema «Que el poder sirva a la gente», Labastida tenía el difícil encargo de convencer a los mexicanos de que representaba un «nuevo PRI». Calificado como «gris» por muchos de sus enemigos, Labastida no tuvo el arranque suficiente para consolidar la permanencia en el poder del partido y no pudo tirar por la borda el lastre de 35 años de carrera en la administración priísta. A los pocos meses del comienzo de la campaña, su equipo tuvo que recurrir a los dinosaurios del partido, los pesos pesados artífices de la victoria del PRI durante décadas. Aprender un nuevo papel Analistas políticos e intelectuales coinciden en que el PRI, si sueña en tener futuro, tendrá que aprender a ser oposición y deberá de cambiar su estructura interna basada en el usufructo del gobierno y el presupuesto, para convertirse en un partido democrático moderno. La fotografía de la transición se tomará el 1 de diciembre en el Congreso de la República, cuando Zedillo entregue la banda presidencial a Vicente Fox. Ni Labastida ni los dinosaurios del PRI tendrán un lugar en esta fotografía.