En manos de nueve millones de indecisos está que el PRI pierda la Presidencia mexicana por primera vez en siete décadas Con un 15% de indecisos, el resultado de las presidenciales de mañana en México es tan impredecible que cabe aplicar el chascarrillo del humorista Chespirito, uno de los más conocidos del país, de que «lo más seguro es que ¿quién sabe?». Porque en manos de esos indecisos está el resultado de las urnas si se tiene en cuenta que el oficialista Francisco Labastida y el conservador Vicente Fox están empatados en la mayoría de los sondeos de la semana pasada (ahora está prohibido su difusión). El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ve tambalearse su hegemonía de siete décadas, pero le puede salvar que la oposición está dividida.
30 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Ni las antenitas de vinil del Chapulín Colorado, otro antihéroe del país, sirven para despejar la incógnita de quién será presidente de México los siguientes seis años, ya que ese nivel de no sabe/no contesta representa a nueve millones de posibles votantes. Aunque tenga una ligera ventaja Labastida en la mayoría de los sondeos, ni él ni Fox tienen asegurado nada, salvo la incertidumbre. En tercer lugar figura el centroizquierdista Cuauhtémoc Cárdenas, que descartó una alianza con el candidato conservador, su rival como opción para el cambio. Por primera vez en la historia republicana de México, el PRI se enfrenta a la posibilidad de perder el poder en las urnas _a las que están convocados 58,7 millones de mexicanos_ y ha tenido que contrarrestar a la creciente oposición. Parecen mínimas las posibilidades de un gran fraude por la independencia del Instituto Federal Electoral (IFE) que reconocen todos los partidos, pero pocos dudan de que el PRI pondrá a funcionar a todo vapor su poderosa maquinaria, acusada en el pasado de trampas y ardides ilegales. El presidente del IFE, José Woldenberg, insistió ayer en que las elecciones transcurrirán de forma pacífica y ordenada, y en que no está en peligro la estabilidad del país. Pero la oposición y organismos civiles mexicanos e internacionales han reiterado sus denuncias sobre compra e inducción del voto en zonas rurales y entre funcionarios públicos, tradicionales graneros del oficialismo. Un estudio de Alianza Cívica, que observará los comicios, revela que el 24% de la población rural teme que los subsidios oficiales que recibe desde hace décadas se acaben si el PRI pierde. El Centro Carter pronostica que un fraude «menor» puede afectar a los resultados, pero descartó que se produzca uno «a gran escala». Ataques y denuncias En sus últimas semanas la campaña electoral entró en el terreno de los ataques personales, así como las denuncias de fraude, financiación ilegal, compra de votos y tráfico de influencias. El PRI acusó a Fox de haber recibido financiación del exterior, lo que prohíbe la ley. El candidato acusado respondió con una demanda. El diputado del PP Joseph López de Lerma, que encabeza una delegación de observadores españoles, aseguró que «exista o no cambio de color político lo que esperamos es que el proceso sea limpio».