¿Por qué Lope de Vega odiaba a Cervantes?

Los dos genios de las letras españolas comenzaron una amistad que poco tiempo después se truncó. Una carta pudo tener la culpa


Lope de Vega empezó a demostrar su talento desde bien pequeño. El genio de las letras comenzó a serlo con tan solo cinco años, edad a la que ya leía en castellano y en latín. Lope de Vega no era un niño normal. Mientras sus coetáneos jugaban con los aparatejos típicos de su época, Lope de Vega se metía de lleno en los mundos que le daban los libros. Y este exigente lector no saciaba su sed con cualquier papel. Porque Lope de Vega disfrutaba con los poemas. Todo ese talento tiene su recompensa. Además del reconocimiento ya sobrado que el escritor poseía en su época -le llamaban el fénix de los ingenios- y mantiene a día de hoy; hoy Google ha decidido deciarle uno de sus típicos doodles con motivo del 455.º aniversario de su nacimiento.

A pesar de su amor por las letras, la escritura no fue su (única) gran pasión. Lope de Vega repartía su tiempo entre los tomos y las mujeres. Dos esposas, seis amantes y catorce hijos es el resumen de una vida entregada a la conquista. Tal fue su obsesión por las mujeres, que en más de una ocasión estas le provocaron severos disgustos. Lope de Vega llegó a ser encarcelado y desterrado de la corte cuando tan solo tenía 25 años precisamente por uno de sus idilios. Pasado el susto y con el indulto en las manos, Lope de Vega volvió a las andadas y con tan solo 33 años volvió a ser procesado. Sabedor del peligro de la espiral en la que estaba metido, Lope de Vega decidió enrolarse en la Armada Invencible, donde llegó a convertirse en secretario personal del poderoso Duque de Alba. Dicho en otras palabras: decidió asentar cabeza. Y durante este nuevo rumbo que dio a su vida decidió casarse por primera vez en el año 1598, unas intenciones que no duraron demasiado. Su vida marital con Juana de Guardo la alternaba con visitas esporádicas a sus amantes e hijos toledanos.

La vida azarosa que escogió Lope de Vega nunca se convirtió en un escollo para sacar adelante su prolífica obra. Fue una máquina de escribir. El genio de las letras firmó más de 1.500 obras de teatro y más de 3.000 sonetos. Estos méritos le llevaron a convertirse en el primer escritor español que pleiteó por sus derechos de autor con aquellos que osaban imprimir sus obras sin su consentimiento. Lope de Vega era un adelantado.

Las relaciones amorosas de Lope de Vega fueron tan escabrosas como las amistades. Sonados son sus continuos encontronazos con otras figuras del Siglo de Oro como  Góngora o Cervantes, con los que llegó a intercambiar algo más que palabras. Probablemente una de las relaciones más comentadas a lo largo de los años ha sido la que mantuvo con Cervantes. Enemigos íntimos, el manco de Lepanto y el fénix de los ingenios fueron grandes colegas durante su juventud. A través de poemas y discursos, uno y otro se deshacían en halagos. Pero el cariño y la admiración empezó a dar paso a otra relación mucho más dañina.

Cervantes y Lope se conocieron en casa de Jerónimo Velázquez, en Madrid. Lope de Vega frecuentaba con cierta asiduidad esta morada con la obsesión de llevarse de calle a la hija de Velázquez, de la que estaba enamorado. Allí coincidió con el Manco de Lepanto con el que comenzó una interesante relación, que acabaría rota por el ego de ambos.

Lope de Vega comenzó a coger carrerilla en lo que a fama se refería. Sus obras de teatro eran auténticos taquillazos y su simpatía conseguía arrastrar a más seguidores que los que sumaba el autor de El Quijote. La guerra estaba servida. 

Hay diversas teorías sobre quién fue el primero que encendió la mecha. Algunos historiadores cuentan que fue Cervantes, que colérico al ver que ningún director teatral compraba sus comedias comenzó una cruzada contra Lope de Vega. Es tal el odio que tiene contenido que hay quien dice que incluyó algunas dedicatorias sutiles para su eterno rival en El Quijote. «Como las comedias se han hecho mercadería vendible dicen y dicen verdad que los representantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez y así el poeta procura acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide», son las palabras recogidas en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Al otro lado de la balanza se sitúan los que defienden que fue Lope de Vega quien tiró la primera piedra. Pensando que lo que había entre ellos era colegueo, Cervantes accedió a enseñarle El Quijote antes de que este saliera a la luz. A Lope de Vega no le debió de gustar el manuscrito, porque tiempo después escribía a un amigo un texto bastante hiriente: «De poetas, muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como el Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote».

Cervantes se apuró a contestarle, poniendo fin así a una corta amistad: «Hermano Lope, bórrame el soné e versos de Ariosto y Garcila, y la Biblia no tomes en la ma, pues nunca de la Biblia dices le».

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