El nuevo papa: Entre Vatileaks y los abusos, un cónclave en tiempos de crisis

La elección del nuevo pontífice se realiza en medio de las especulaciones sobre las razones de la renuncia de Benedicto XVI y las reiteradas protestas de víctimas de abusos sexuales

Marc Ouellet
Marc Ouellet

Dpa

Tan sólo han pasado ocho años desde el último cónclave, bien recordado en Roma. Los días posteriores a la muerte de Juan Pablo II estuvieron marcados por las largas filas de fieles para despedirle y los gritos de Santo Subito! (¡Santo ya!). Ahora no ha muerto ningún papa y no hay muestras de luto, pero el panorama es más sombrío si cabe, en medio de especulaciones sobre las razones de la renuncia de Benedicto XVI, los Vatileaks y reiteradas protestas de víctimas de abusos sexuales.

El teólogo Peter Hünermann, de la universidad alemana de Tubinga, considera que el cónclave de este martes es el «más difícil» de la historia reciente de la Iglesia católica, por estar en juego la credibilidad de la institución tras los últimos escándalos. «El eco de la opinión pública es determinante para una eventual recuperación o una pérdida definitiva de la credibilidad de la Iglesia. Los cardenales sienten la presión», dijo en un coloquio en Roma.

Benedicto XVI se convirtió el 28 de febrero en el primer papa de tiempos modernos en renunciar. A sus 86 años, habló de su falta de fuerzas, pero el diario La Repubblica relaciona su decisión más bien con el escándalo de filtraciones Vatileaks y la depresión que habría sentido al leer el informe sobre el caso encargado a tres cardenales liderados por el español Julián Herranz. Para el anciano pontífice habría sido de por sí ya un duro golpe descubrir que su mayordomo había sustraído documentos de su apartamento.

Según el diario romano, el informe entregado al papa en diciembre, de unas 300 páginas, contenía datos precisos sobre luchas en la curia, corrupción e incluso la existencia una red clandestina de homosexuales que organiza encuentros sexuales dentro y fuera del Vaticano y que serían propensos a chantajes debido a ello.

A raíz de dichas versiones, el portavoz vaticano Federico Lombardi criticó a los medios por «calumnias y desinformaciones» y por difundir noticias «falsas«. En una entrevista con El País de Madrid, el mismo Herranz consideró que «este asunto se ha agrandado enormemente», y que en torno al informe «se ha creado una burbuja curial que se ha pinchado por sí sola». Pero el mencionado documento sigue bajo llave, reservado para el próximo papa.

El Vaticano reconoce que el tema ha ocupado a los cardenales electores durante las sesiones previas al cónclave en Roma. Algunos de ellos, sobre todo no italianos, han pedido tener acceso al informe, pero se les ha negado. «Si tenemos que tomar una buena e importante decisión, debemos tener información», afirmó el cardenal sudafricano Wilfried Napier, citado por medios locales.

Según los escasos trascendidos de las congregaciones de cardenales celebradas desde hace una semana, los purpurados recibieron de Herranz algunas informaciones generales, sin nombres de «peces podridos». Algunos sintieron alivio. «Creo que la mayoría de los cardenales estamos muy satisfechos con la explicación que se ha dado.

Creo que esa imagen fantasmagórica de la curia es absolutamente falsa», dijo el cardenal venezolano Jorge Urosa.

«Pongo la mano en el fuego porque hay homosexuales en el Vaticano. No los he visto, pero es una cuestión de lógica estadística. Eso sí, decir que hay un lobby gay que extorsiona a sus miembros, ya es cargar la mano demasiado», comenta por su parte a Dpa un conocedor del entorno vaticano.

Los escándalos de abusos en la Iglesia católica también han influido en la convocatoria para elegir al nuevo papa. El arzobispo de Edimburgo, Keith O'Brien, no acudirá al cónclave tras disculparse la semana pasada públicamente por una conducta sexual «impropia» después de que tres sacerdotes le acusaran de habérseles acercado de una manera »indebida« en los años 80, cuando eran seminaristas.

Incluso los críticos de Benedicto XVI destacan que el ahora papa emérito inició una limpieza sin precedentes en la Iglesia católica al impulsar el esclarecimiento de los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, sobre todo a menores. Pero eso no ha impedido que asociaciones de víctimas se trasladaran estos días a Roma para protestar contra la asistencia al cónclave de cardenales a los que acusan de haber encubierto casos de pederastia o de no haber actuado con la suficiente contundencia contra los culpables.

La organización estadounidense Red de Supervivientes de Abusos por parte de Sacerdotes pidió que se deje de llamar papables a 12 cardenales que serían «la peor elección en términos de protección a la infancia», entre ellos el mexicano Norberto Rivera, el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y el argentino Leonardo Sandri.

Otra asociación italiana se propuso entregar en la Secretaría de Estado Vaticana una petición firmada por 12.500 personas para que el cardenal Domenico Calcagno no participe en el cónclave por haber «encubierto a sacerdotes pedófilos». Sin embargo, el portavoz de la iniciativa, Francesco Zanardi, no pudo entregar la misiva porque policías le impidieron acceder al edificio, según medios italianos.

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