Camba, el anarquista repatriado

Tras viajar a Argentina de polizón, el que será uno de los grandes periodistas de su época es deportado y cumple los 18 en el barco que lo trae de vuelta a España

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Redacción / la Voz

Viernes, 9 de enero de 1903

De polizón adolescente a huésped vitalicio de un cinco estrellas madrileño, en la biografía de Julio Camba hay muy poca broza. Lea El hombre del Palace, el retrato que el maestro Miguel-Anxo Murado le hizo en La Voz el pasado octubre. Comienza con un episodio crucial, el atentado de Mateo Morral contra los reyes recién casados en 1906, en el que el periodista vilanovés, entonces anarquista militante, se vio complicado involuntariamente. Y «el anarquismo se le quitó de golpe con el susto».

A Camba, las ideas libertarias le salieron antes que la barba. Era aún un crío cuando se lio la manta a la cabeza y se coló en un barco que lo llevó a Argentina, donde sus actividades políticas disgustaron un tanto a las autoridades. Así que en diciembre de 1902, a pocos días de cumplir los 18, a él y a unos cuantos compañeros más los facturaron en otro barco de vuelta a España.

Nuestro protagonista era aún un perfecto desconocido. Hasta le cambiaron el apellido: «Dicen de Barcelona que cuando entre en aquel puerto el vapor Reina María Cristina, en el cual deben llegar los anarquistas españoles que fueron expulsados de Buenos Aires [...], visitará el barco la policía. Allí filiará a cada uno de los detenidos y les indicará las poblaciones en que deben residir. De dichos anarquistas, Miguel Ríos y Ricardo Alfonsín son naturales de La Coruña, y Manuel Lago, Julio Canela, Adrián Troitiño y Juan Calvo son naturales de Pontevedra. Julio Canela [...] ejercía de periodista en la República Argentina».

Aquello de «las poblaciones en que deben residir» tenía letra pequeña, como se ve en un telegrama del corresponsal de La Voz en Pontevedra, Landín, fechado un par de semanas después. Dice: «A disposición del gobernador civil llegaron hoy a Pontevedra, procedentes de Barcelona, donde desembarcaron expulsados de Buenos Aires, los anarquistas pontevedreses Adrián Troitiño y Julio Camba. Les condujo aquí la Guardia Civil. A su llegada ingresaron en la cárcel. Los guardias hicieron entrega al gobernador de los pliegos que se refieren a los presos. Troitiño cuenta 35 años de edad y es panadero. Julio Camba [...] no tiene más que 18».

Muchacho culto y simpático

«Fui a visitarles a la cárcel -explica el reportero- y conversé con ellos largo rato». Durante la entrevista, «ambos declaran que son anarquistas». Se quejan de «haber sido presos sin motivo alguno, y no saben hasta cuándo durará la extraña situación en que se encuentran». Cuentan que su «peregrinación forzosa hasta Pontevedra ha sido penosísima», porque, antes de llegar, «desde Barcelona fueron a parar a las cárceles de Zaragoza, Palencia y León».

El periodista describe a Camba como «un muchacho muy culto y simpático» que «se produce con extraordinaria verbosidad» y dice que «antes de marchar a América colaboró en algunos periódicos regionales». De Troitiño cuenta que «ha dejado en Barcelona en el mayor desamparo a su mujer y a cinco hijos de corta edad, uno de ellos enfermo». De hecho, el pequeño acabaría muriendo. El compañero de celda de Camba es un hombre cuyo «discurso es arrebatado», según una noticia publicada con posterioridad. «Fustiga a todos, conservadores y republicanos, y dice que mientras los obreros no se emancipen habrá clericalismo y serán explotados por unos y otros».

Pero ese día, presos en Pontevedra, su primera preocupación es salir de la cárcel: «Piensan ambos presos telegrafiar al señor Maura -al que aquel año le tocaba el cargo de ministro de la Gobernación-, dándole cuenta de la situación anómala en que se encuentran», concluye el corresponsal.

No queda claro si Antonio Maura intercedió o no. Lo que se sabe es lo que recoge el texto que Landín envió al periódico por telégrafo y que se publicó el martes 13 de enero: «Anarquista en libertad. Pontevedra, 11 (recibido el 12). Ha sido puesto en libertad el anarquista Julio Camba. El padre de este se presentó al gobernador civil de esta provincia, que lo había reclamado».

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