Los prolegómenos del desastre

Esta semana se han cumplido 120 años de la declaración de guerra «retroactiva» de EE.UU. a España, que acarreó la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas


Redacción / La Voz

El pasado miércoles se cumplieron 120 años del inicio de la guerra entre España y Estados Unidos, una contienda que empezó a pergeñarse en febrero de aquel año tras la explosión de un barco en el puerto de La Habana y que prácticamente quedó zanjada tres meses después con el hundimiento de una escuadra entera ante el de Santiago. Washington pretendía una victoria rápida y Madrid quería perder aún más rápido, asumida ya la pérdida inevitable de Cuba. Mientras, en las calles las manifestaciones patrióticas confiaban en la victoria...

El incidente que derivaría en casus belli fue recibido así: «Nos produjo una impresión tan profunda que difícilmente hubiéramos podido precisarla: parecía una catástrofe nuestra, propia, una desgracia nacional [...]. Al recibir la noticia de que había volado en la bahía de La Habana el crucero Maine [...] nos sentimos abrumados por una gran pesadumbre y nos pareció la catástrofe yankee amenaza para la patria española».

El combustible de la hoguera

Aún hoy no hay certezas sobre qué hizo saltar por los aires el Maine estadounidense. Quien no tuvo dudas fue el editor William Randolph Hearst. Sus diarios iniciaron una campaña de la que La Voz fue dando cuenta en las semanas posteriores. «El periódico The New York Journal ha enviado a Cuba un verdadero cuerpo de reporteros [...], con dos yachts de vapor, para continuar la algarada jingoísta que hace tiempo ha iniciado». «En las Cámaras norteamericanas se han presentado seis proposiciones pidiendo la independencia de Cuba y dos declarando la guerra a España [...]. El periódico New York Journal pagó a 4.500 dollars cada discurso de los senadores y diputados yankees contra España».

Hearst vendió millones de periódicos y continuó alimentando la hoguera. «The New York Journal ofrece un premio de mil dollars a quien invente una máquina infernal para volar a los españoles».

A pocos días de la guerra, España trataba todavía de encontrar argumentos en su descargo. «Teniendo en cuenta los detalles de la catástrofe, lo probable es que esta haya sido causada por falta de estabilidad de las pólvoras [...]. La explosión [...] ha sido idéntica a la que destruyó en 1873 una corbeta inglesa en el estrecho de Magallanes, sin que por eso el Gobierno británico la emprendiera con los patagones [...]. Lo digno sería averiguar las verdaderas causas de la catástrofe y guardarse de explotar arteramente el incidente, contando con la ignorancia del público». «Sépase que engañan al mundo, y que si sobreviene la guerra, constituirá la agresión más odiosa de nuestros tiempos».

Muerte o deshonra

No sirvió de nada. Mientras bloqueaba los puertos cubanos con su Armada, el Gobierno de McKinley lanzó un ultimátum y el de Sagasta se hizo el sueco. De modo que el 25 de abril el Congreso norteamericano declaró la guerra con carácter retroactivo: España y Estados Unidos eran contendientes desde el día 21 anterior. «Ha llegado la hora decisiva. Pronto el fragoroso estruendo de los cañones retumbará en los espacios [...]. La diplomacia ha terminado su misión, tan estéril hoy como en otras ocasiones. No importa. Estamos solos: no importa. La justicia tiene un poder incontrastable». En todas partes se oían «las mismas sublimes palabras», a la vez que premonitorias: «Antes muertos que deshonrados». Y así fue.

Apenas pasó una semana hasta que La Voz empezó a dar noticia de la primera gran derrota. No venía de Cuba, sino de Oriente. Los barcos que defendían Filipinas descansaban ya en el fondo de la bahía de Manila. «No había plan alguno, según se sospechaba y va confirmándose. En Cuba y Puerto Rico no sabemos si lo habrá, y si será distinto de ir aguantándose a cañonazo limpio cuando asome algún buque yankee». Lo peor estaba por llegar.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
25 votos
Comentarios

Los prolegómenos del desastre