El equipo romántico de los primeros partidos de Claudio Giráldez es ahora más calculador
12 mar 2026 . Actualizado a las 23:23 h.El Celta ha evolucionado hacia el pragmatismo y la resiliencia desde el romanticismo de los primeros partidos de Claudio Giráldez, los de aquel equipo que no conocía la marcha atrás porque casi siempre le podía la osadía de jugar hacia delante. Ahora es más calculador, presta más atención al marcador y al contexto. Y, si se encuentra con un rival como el Olympique de Lyon, que sabe tener el balón y trata de manejarlo la mayor parte del tiempo en campo contrario, ni se desespera ni se precipita. Espera, tratando de encontrar sus ventajas en el eje que combina tiempo y espacio.
Gracias a esa templanza, y al buen trabajo en la contención mezclado con la verticalidad y la velocidad en las transiciones, consiguió irse al descanso con ventaja en el marcador. Con esa combinación logró desarmar en tres ocasiones el planteamiento francés, sabiendo que al adelantar líneas el Olympique dejaba más espacio a la espalda.
El gol fue un canto a la interpretación de la apuesta por la velocidad de pensamiento y despliegue hacia delante.
Todo arrancó en la cabeza de Iago Aspas, un especialista en tomar buenas decisiones. Ganó los primeros metros y la ventaja conectando con Matías Vecino, que alargó con rapidez para que acelerase Swedberg. Y Javi Rueda acompañó por el centro para ofrecerle una opción clara y natural de pase. No tuvo más que empujar al fondo de la red.
Las otras dos llegadas con peligro fueron también posesiones muy cortas y muy afiladas. En una, Aspas envió al espacio y Borja Iglesias remató flojo. En la otra fue Mingueza el que conectó con el Panda, y el portero, con su salida, evitó el segundo.
La entrada de Jutglá por Aspas en el intermedio, más que la de Carreira por Javi Rueda, parecía redoblar esa apuesta por la velocidad en ataque. Pero la expulsión temprana de Borja Iglesias lo complicó todo más de lo que ya estaba, porque el Olympique de Lyon no dejó de llevar la iniciativa en ningún momento. No dejó de buscar la portería.
Tocaba cambiar el manual de los aguijonazos por el de la resistencia con demasiados minutos por delante, sin apenas posibilidad de amenazar cuando recuperaba la posesión.
El equipo olívico demostró que trabaja todas las situaciones de juego, porque juntó líneas, multiplicó ayudas y apretó los dientes. No le quedaba otra, y Giráldez ayudó con los cambios para tratar de que no bajase el nivel físico. El Celta es un colectivo al que le gusta combinar y tratar de dominar a través del balón. Pero también sabe aplicarse cuando no tiene la posesión. Al final acabó llegando el empate, en un error de Radu, que instantes antes había sido salvador.
Lo peor del partido, sobre todo para la vuelta, el peaje del extraño arbitraje con las tarjetas, y con el cronómetro.