Iago Aspas, hasta el infinito y más allá, a sus 38 años desarmó al PAOK con su talento afilado

GRADA DE RÍO

Iago Aspas, tras anotar el gol que abrió el marcador ante el PAOK
Iago Aspas, tras anotar el gol que abrió el marcador ante el PAOK Alexandros Avramidis | REUTERS

El capitán del Celta abrió el marcador con un golpeo preciso y sirvió el segundo tanto a Swedberg en una primera parte magistral

20 feb 2026 . Actualizado a las 11:54 h.

El talento no va a menos con la edad. Todo lo contrario, si acaso se afila y se administra con más poso, midiendo mejor los tiempos y los espacios. No hay más que ver a Iago Aspas, que de niño soñaba con jugar «en el Celta de mayores» y que ahora, a los 38 años, sigue impartiendo magisterio y disfrutando del balón y con el balón como cuando era un crío, como si fuese fácil. Su primera parte en Salónica fue un regalo para cualquiera que paladee el fútbol como los buenos vinos, saboreando cada sorbo sin apurar. Cada intervención suya dejó buqué y provocó averías en territorio del PAOK.

La primera llegó en el minuto doce, con un pase al espacio hacia Swedberg con la precisión y la fuerza justas para que el sueco dejase correr el balón y rematase, por partida doble. No fue gol por la meritoria doble intervención de Tsiftsis, sobre todo en segunda instancia.

Espuelazo y golazo

En el 23 se alinearon dos chispazos para abrir el marcador con un espuelazo y un golazo. Miguel Román, otro talento en otra posición, la de uno de esos centrocampistas con el don del equilibrio, hizo un ejercicio de velocidad de pensamiento. Fue capaz de interpretar un envío rival con una maniobra a la vez corte y confección, un pase preciso para Aspas a la espalda de los centrales. El diez bajó las pulsaciones, dejó que el balón corriese, botando, a media altura, y golpeó en carrera suave y ajustado al palo, como si fuese sencillo.

En el minuto 37 Iago Aspas dibujó una conducción de cincuenta metros que nació con una finta, incorporó una aceleración y solo pudo ser cortada por falta en tres cuartos de cancha.

Y en el 42, otra intervención en sociedad con Swedberg propició el segundo tanto del Celta. Esta vez el sueco descargó hacia su derecha y Aspas se la devolvió, de nuevo mezclando precisión y colocación, en el sitio justo para que su compañero, en un remate también meritorio, enviase el balón a la red.

Así se llegó al intermedio. Y todavía le añadió otro cuarto de hora, hasta que dejó su sitio a Fer López. En ese tramo entró menos en juego, el PAOK adelantó líneas y le tocó ayudar en la contención. También ahí demostró aplomo, en una presión adelantada de los griegos, cuando intentaban robar el esférico cerca del área. Recibió un balón en el costado derecho, en zona comprometida, en un costado, con mucha aglomeración. Levantó la cabeza y descargó hacia el otro lado, desactivando cualquier riesgo.

Dejó el partido con la tranquilidad del deber cumplido, siendo el jugador más determinante para acabar con la racha de un PAOK que llevaba más de un año sin perder un partido de Liga ante su público y que también estaba invicto en los encuentros de la fase previa.

Iago Aspas firmó una gran hoja de servicio, una más, mientras decide si sigue en activo al menos una temporada más. Y viendo sus prestaciones en el Toumba Stadium, nadie diría que tiene 38. Y cualquiera que lo viese jugar por primera vez probablemente no entendería que pueda estar sopesando la retirada. Sería decir adiós a un lujo, a alguien que ya es leyenda del celtismo y todavía sigue en activo. Por el tiempo que él quiera.