Ángel Davila, el juvenil del Celta que tenía la portería entre ceja y ceja en la plaza del pueblo desde los dos años

M. V. F. VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

XOÁN CARLOS GIL

El ponteareano, céltico desde benjamines, lleva cinco goles en tres partidos de Copa del Rey Juvenil y otros nueve en División de Honor

13 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ángel Davila Outerelo (Ponteareas, 2007) lleva el mismo tiempo jugando al fútbol que marcando goles. Las dos cosas han ido de la mano para él desde sus inicios, en el Vila do Corpus con cinco años, y hasta la actualidad, vistiendo de celeste desde que era benjamín y convertido en el máximo goleador del Celta Juvenil A en Copa del Rey con cinco tantos en tres partidos: doblete para remontar ante el Villarreal; otro par de dianas para encarrilar el duelo ante el Atlético de Madrid y el tanto decisivo ante el Athletic Club. En liga, además, lleva otros nueve.

El pequeño de los hermanos Davila comenzó siguiendo los pasos del mayor, Gorka, actual futbolista del Juvenil de Ponteareas, y yendo más atrás en el tiempo, también de su padre, Fermín, que llegó a jugar en Segunda B. Aunque sus inicios en el Vila do Corpus fueron con cinco años, a los dos ya corría detrás del balón con su hermano y los amigos de este en la plaza del pueblo. Y fue el primogénito el que se empezó a fijar en lo bien que le pegaba Ángel. Ese bagaje previo se evidenció enseguida cuando empezó en el club. «Al haber estado tanto tiempo con gente mayor que él, se notaba. Tenía fútbol de calle, de ese que ahora cada vez queda menos. Era listo y avispado, se le veía distinto», cuenta Jorge Iglesias Anido, que lo tuvo cuando tenía siete años.

Ángel Davila, durante su etapa en el Vila do Corpus, en sus inicios.
Ángel Davila, durante su etapa en el Vila do Corpus, en sus inicios.

Davila comenzó pronto a «saltarse generaciones, porque iba muy sobrado», recuerda Anido, uno de sus primeros técnicos. «Se decidió subirle una generación y acabó subiendo dos», pasando a estar con los benjamines de segundo año cuando todavía era prebenjamín. Enseguida vieron que no estaban cometiendo ningún error, sino que él se encargo de demostrar lo contrario: «No era uno más tampoco una vez que lo subimos, seguía destacando», asegura.

De aquel prometedor niño recuerda fundamentalmente tres claves que cree que han sido importantes: «En primer lugar, era rápido, y con una arrancada que era muy complicado cogerlo a esas edades. Corría, frenaba en seco y volvía a arrancar de una manera que no lo paraba nadie», describe su exentrenador. El segundo punto es que «tenía buen disparo, la portería entre ceja y ceja e intención de pegarle hacia allí a la mínima que podía», cuenta. Y el tercer aspecto, ese «fútbol de calle» en el que dio sus primeras patadas.

Anido, además, fue clave para su fichaje por el Celta. Cuenta que al final de una temporada, el padre les comunicó que se iban a llevar a Ángel al Coruxo, donde jugaba Gorka, para facilitar el transporte al llevar a los dos niños al mismo lugar. «Yo tenía un amigo en el Celta, lo llamé y le dije que tenía un chaval con unas condiciones descomunales y que se iba a ir al Coruxo. Se lo comentó a Álex Otero y ellos, que ya lo tenían controlado, lo ficharon», señala. Era alevín y ha seguido vistiendo de celeste hasta hoy, con sus momentos mejores y peores.

Entre los compañeros de generación de Davila están los jugadores del Fortuna Anxo Rodríguez y Lucas Antañón o el del Madrid Bryan Bugarín.
Entre los compañeros de generación de Davila están los jugadores del Fortuna Anxo Rodríguez y Lucas Antañón o el del Madrid Bryan Bugarín. ANA GARCÍA

Un punto de inflexión

La temporada pasada, por ejemplo fue dura para él. Teniendo por delante a Miguel Conde, que se hinchaba a marcar goles como hace él, y a Bernard Somuah, y siendo juvenil de segundo año, se quedó en cuatro goles y 1.153 minutos. Trataron de probarlo como mediapunta, pero la cosa tampoco terminó de cuajar. Una temporada difícil, algo a lo que no estaba acostumbrado tras años de goles en la cantera, que le sirvió para madurar. Tomó conciencia en primera persona de que el fútbol también tiene esas fases y aprendió a sufrir.

Previamente, en el Juvenil B, lo había tenido a sus órdenes Luis Bonilla, ahora técnico del Noia, que sigue sus pasos y constata un cambio en él que le ha permitido dar pasos hacia adelante. «Creo que ha madurado lo suficiente como para centrarse en el rendimiento y en los hábitos de deportista de alto rendimiento. Quizás cuando yo lo tuve, era una época en la que algunos chicos están un poco más distraídos o no tan enfocados en lo que pueden llegar a ser», reflexiona. Ahora le transmite «la madurez suficiente para explotar su potencial», repite.

Porque ese potencial que venía de lejos también lo pudo comprobar Bonilla. «Siempre ha sido un goleador. El talento lo tenía, pero quizás necesitaba los hábitos de alto rendimiento», insiste. Porque, recuerda, la trayectoria de un futbolista «es una carrera de fondo y se requiere madurez para las renuncias y esfuerzos diarios que el objetivo demanda».

Ángel Davila, durante su etapa como infantil en el Celta.
Ángel Davila, durante su etapa como infantil en el Celta. RC CELTA

Confianza en sí mismo

Respecto a su carácter, Bonilla presenta a Davila como «un chico abierto y bastante bromista» y con un trato diario que a él el agrada. «Es de esos que te vacilan y a mí esas relaciones me encantan, porque dan mucho juego», se sincera. Por otra parte, cree que la confianza en sí mismo ha sido un punto que ha jugado a su favor. «Siempre cree que puede y eso, a la hora de competir, es un plus». Aunque no se quiere aventurar mucho al no tenerlo ya cerca, sí considera que «tiene que ser una posibilidad para él que el siguiente paso sea el Celta Fortuna».