La fe que se contagió entre célticos y celtismo

LA VOZ VIGO

GRADA DE RÍO

M.MORALEJO

El Celta creyó en la remontada impulsado por los 13.000 espectadores presentes en Balaídos

07 nov 2021 . Actualizado a las 08:01 h.

Siempre hay quien se marcha antes de terminar el descuento en un partido que parece perdido —incluso al descanso, en casos extremos— y alguna que otra vez, se pierden lo mejor. Sucedió ayer en un Balaídos donde se dieron cita 13.146 espectadores. Y todos homenajearon a Sergio en los prolegómenos con una emocionante, atronadora y unánime ovación, pero no todos celebraron en sus butacas el punto conseguido.

Entre medias, en la grada hubo casi de todo. Hizo caso el celtismo a Eduardo Coudet aplaudiendo a su diez en el minuto correspondiente, pese a que para entonces el 0-0 ya era historia en el marcador y los ánimos ya andaban algo tocados al verse por debajo. No impidió eso que la afición entonara tras esos aplausos el Aspas on fire, que luego sonaría un par de veces más y de forma mucho más desatada.

Los goles del Barcelona sentaron como un mazazo y la falta de acierto de cara a la portería de los vigueses, con resignación. Allí estaba, sin embargo, la grada de animación para apretar sin descanso. «Agora, equipo, agora», se escuchaba tras el descanso sin que hubiera llegado todavía el primer gol de Aspas. Se celebró con rabia ese tanto, pero nada comparado con los que estaban por llegar.

También se celebró el anulado a Nolito poco antes de que el sanluqueño sí viera portería por primera vez esta temporada. Ahí ya eran cada vez más los que empezaban a creer y Balaídos rugía de manera más unánime a cada minuto, no como en otros momentos en los que la grada de animación se oía de manera casi aislada.

El segundo gol de Aspas fue ya el éxtasis total. El goleador no fue el único que se quitó la camiseta, sino que la grada de Gol también se pudo ver a algún aficionado enloquecer y reaccionar de la misma manera. Eran momentos de abrazos, bufandas en alto, saltos y, cómo no, de volver a cantar el Aspas on fire, esta vez de una manera imposible de diferenciar de la que hubiera sonado si ese gol hubiera supuesto tres puntos.

Con el pitido final, la plantilla se acercó a la grada de animación y recuperó el ritual de la temporada de A Nosa Reconquista. La fe de los jugadores se trasladó a la grada. O quizá al revés. Un punto es el resultado.